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1 de Septiembre de 2019
Nutrición

¿Es beneficioso el consumo de soja para la salud?

Su diferente efecto en las personas puede atribuirse en gran parte a las variaciones en la microbiota intestinal.

La soja y los productos derivados de ella son ricos en isoflavonas, unos compuestos a los que se atribuyen propiedades terapéuticas. [GETTY IMAGES/DIANE LABOMBARBE/ISTOCK]

Desde hace tiempo, numerosos estudios han aportado pruebas de que el consumo de alimentos derivados de la soja resulta ventajoso para la salud humana: reduce la incidencia de las enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer y mitiga los síntomas de la menopausia. Los beneficios se atribuyen principalmente a la acción de las isoflavonas, unos compuestos muy abundantes en la soja con propiedades antioxidantes y actividad estrogénica (similar a la de los estrógenos humanos).

Sin embargo, mientras que los efectos positivos de las isoflavonas se han demostrado de forma clara en el laboratorio, las pruebas obtenidas a partir de estudios epidemiológicos y ensayos clínicos en humanos han resultado menos sólidas, mostrando a veces efectos contradictorios. Esta falta de datos concluyentes hace que surjan dudas sobre la efectividad de la soja como un alimento que mejora la salud.

En un artículo de revisión reciente publicado en la revista Critical Reviews in Food Science and Nutrition hemos analizado las posibles causas de esa disparidad de resultados. Las principales preguntas que hemos abordado han sido: ¿en qué aspectos de la salud humana pueden influir las isoflavonas de la soja? ¿Cuándo y cómo ejercen un efecto beneficioso?

En el laboratorio
Las propiedades biológicas de las isoflavonas se atribuyen en gran parte a su similitud estructural con los estrógenos humanos, por lo que han sido clasificadas como fitoestrógenos. Los estrógenos son hormonas sexuales que ejercen sus efectos en el organismo a través de los receptores estrogénicos, los cuales se hallan en la membrana de las células de la mayoría de nuestros tejidos y órganos. Tales receptores son de diferentes tipos y, según las moléculas que se unan a ellos, influyen de distinta manera en el metabolismo de las células.

Cuando las isoflavonas interaccionan con los receptores estrogénicos pueden tener el efecto de «estrógenos débiles», ya que se unen con menos afinidad que los estrógenos humanos propios; o pueden actuar como «antiestrógenos» al competir con el estrógeno circulante. Esto da lugar a un abanico de efectos de distinta intensidad. Así, durante la menopausia, las isoflavonas pueden imitar en cierta medida el efecto de los estrógenos que han dejado de producirse y pueden aliviar algunos síntomas, como los sofocos. Del mismo modo, las isoflavonas suplen la protección que los estrógenos ejercían frente a la enfermedad coronaria, por lo que representan una alternativa muy interesante a la terapia de reemplazo hormonal. Por otro lado, durante la edad fértil de la mujer, las isoflavonas pueden mostrar propiedades preventivas frente al cáncer de mama, al reducir la acción proliferativa que tienen los estrógenos sobre las células.

Además, las isoflavonas pueden ofrecer protección a toda la población frente a las enfermedades cardiovasculares. Gracias a su capacidad antioxidante ayudan a prevenir la aterosclerosis (el estrechamiento de las arterias por la acumulación en sus paredes de depósitos lipídicos). Así lo hacen pensar los efectos hipocolesterolemiantes descritos, entre ellos el incremento de la actividad de los receptores LDL (los responsables de fijar el colesterol «malo») y la reducción de la absorción global de colesterol en el intestino.

El efecto de las isoflavonas sobre el cáncer también podría ir más allá del cáncer de mama, ya que son capaces de inhibir ciertas enzimas y genes implicados en la activación y proliferación de diferentes tipos de cáncer.

Todas las propiedades atribuidas a las isoflavonas, entre las que destacan las estrogénicas o antiestrogénicas y las antioxidantes, han sido demostradas in vitro. Sin embargo, los estudios en poblaciones humanas, tanto los epidemiológicos como los clínicos, muestran resultados desiguales. Mientras que en la población asiática el consumo de soja se relaciona con efectos beneficiosos sobre la salud, en la occidental no siempre se observa dicha relación.

La falta de resultados positivos en la población occidental puede deberse a diferentes factores. La presencia de soja y, por tanto, de isoflavonas en la dieta occidental es muy baja (1 miligramo al día) comparada con la asiática (50 miligramos al día), por lo que será difícil que se alcancen los niveles necesarios para que se observe algún beneficio. Además, es importante tener en cuenta que las isoflavonas no se hallan en su forma bioactiva en la soja, sino que necesitan ser transformadas por la comunidad microbiana, o microbiota, del intestino para poder ser absorbidas y ejercer su efecto en todo el organismo.

El papel de la microbiota
¿Qué función desempeñan los microorganismos intestinales en el metabolismo de las isoflavonas? En el alimento estas sustancias se hallan conjugadas con glúcidos, con los que forman moléculas muy voluminosas que el sistema digestivo es incapaz de absorber. Cuando las isoflavonas llegan al intestino, las bacterias comensales presentes en él comienzan a transformarlas en otros compuestos. Entre ellos destacan la genisteína, la daidzeína y el equol. Las dos primeras son producidas en el intestino de la mayoría de las personas, si bien con cantidades que varían entre individuos. El equol se deriva de la daidzeína y requiere un mayor número de reacciones que las dos primeras. Aunque presenta una mayor bioactividad que ellas, no es sintetizado en todas las personas. Así, mientras que los productores de equol son en torno al 60 por ciento de la población asiática, en la europea solo lo son el 30 por ciento.

Las isoflavonas de los alimentos son moléculas que suelen hallarse conjugadas con un glúcido, por lo que no pueden ser absorbidas por el intestino. La microbiota intestinal transforma las isoflavonas en formas más sencillas, como la daidzeína, la genisteína y el equol, que sí pueden ser absorbidas. De la diferente composición de la microbiota de las personas dependerá esa transformación y el posterior efecto de las isoflavonas en el organismo.


La reducida ingesta de alimentos ricos en isoflavonas y la baja incidencia en la población occidental de bacterias capaces de producir equol podrían ser responsables en parte de la dificultad para demostrar los efectos beneficiosos del consumo de soja en la población occidental. Si bien una ingesta mayor y continuada de alimentos derivados de la soja incrementaría los niveles de los metabolitos bioactivos de las isoflavonas, como la daidzeína y la genisteína, este consumo no aseguraría unos efectos positivos en todos los individuos debido a que su síntesis no es uniforme en la población; y aún lo es menos la del equol, que solo se formará en los individuos que porten las bacterias adecuadas.

A la luz de las pruebas disponibles en la actualidad, podemos afirmar que consumir una dieta rica en isoflavonas está relacionada con distintos beneficios para la salud, especialmente en las mujeres posmenopáusicas. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la microbiota intestinal, además del tipo de alimentación de cada individuo, influirá de modo importante en esos beneficios.

A este respecto se ha abierto una vía interesante en el desarrollo de alimentos que incorporan cepas bacterianas capaces de producir isoflavonas bioactivas. En nuestro departamento hemos identificado cepas de bacterias lácticas y bifidobacterias que sintetizan la daidzeína, la genisteína y metabolitos derivados de ellas que son precursores del equol. Estos últimos podrían facilitar la producción de equol en las personas que carecen de las bacterias adecuadas e incrementar la de las personas que sí las albergan. También hemos identificado bacterias lácticas capaces de producir metabolitos derivados de la daidzeína y la genisteína que no son precursores del equol, como la O-desmetilangolesina (O-DMA) y su derivado hidroxilado (6-OH-O-DMA), los cuales podrían tener efectos positivos en la salud. Dada la seguridad que ha demostrado con anterioridad el uso de las bacterias lácticas y bifidobacterias en la alimentación, consideramos que estas bacterias productoras de isoflavonas bioactivas son buenas candidatas para su incorporación en alimentos derivados de la soja y también para su utilización como probióticos.

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