Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Septiembre de 2019
Biología

Un aperitivo en migración

Para los tiburones jóvenes, las aves terrestres son un blanco fácil.

Ave canora hallada en el estómago de un tiburón tigre. [MARCUS DRYMON, MUSEO FIELD]

Cuando el biólogo pesquero James Drymon constató la presencia de plumas en el vómito de un tiburón tigre, supuso en un primer momento que pertenecían a alguna desafortunada ave marina: una gaviota, tal vez, o un pelícano. La sorpresa llegó cuando él y su equipo secuenciaron su ADN: las plumas procedían de un ave canora terrestre, el cuitlacoche rojizo. Pero ¿qué hacían en el estómago de un tiburón tigre del golfo de México?

Drymon, investigador del Centro de Extensión e Investigación Costera de la Universidad Estatal de Mississippi, y sus colaboradores examinaron entre 2010 y 2018 el contenido estomacal de 105 tiburones tigre jóvenes. Casi el 40 por ciento acababa de darse un atracón de aves que viven en tierra firme. Los científicos contaron un total de 11 especies de pájaros terrestres en el menú de los tiburones. Los resultados se publicaron en línea el pasado mes de mayo en la revista Ecology.

Desde la década de los 60 del siglo pasado se sabe que los tiburones se alimentan a veces de aves canoras. «Pero nos sorprendió la prevalencia» del comportamiento, puntualiza Drymon. «Es algo que ocurre cada año en un gran número [de tiburones].»

Cada otoño y cada primavera, las aves canoras emprenden extraordinarias migraciones a través del golfo de México. Cuando se ven acompañadas de mal tiempo, pueden verse forzadas a amerizar, lo que equivale a una sentencia de muerte. «Se calcula que el número de aves migratorias que muere por episodios de tormenta es del orden de miles de millones», explica Drymon. El investigador sospecha que los tiburones aprovechan desde hace tiempo estos nutritivos bocados que, dos veces al año, caen del cielo. Pero la confirmación ha tenido que esperar a la llegada de las herramientas genéticas, que han permitido identificar plumas en parte digeridas.

Los resultados reflejan cuán interconectados pueden estar los ecosistemas marino y terrestre, destaca Neil Hammerschlag, ecólogo marino de la Universidad de Miami que no ha participado en el estudio. «Demuestra lo oportunista y sumamente generalista que es la dieta de estos tiburones.»

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.