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  • Investigación y Ciencia
  • Agosto 2015Nº 467
De cerca

Sistema solar

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Condritas carbonáceas, mensajeros del pasado

Las misiones espaciales de retorno de muestras de asteroides primitivos permitirán estudiar la infancia del sistema solar y el origen de la vida en la Tierra.

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El Sol y su entorno planetario nacieron hace 4600 millones de años. Los detalles de aquella época remota se encuentran escritos en los meteoritos, fragmentos rocosos llegados a la Tierra desde cometas y asteroides. En los menores de estos objetos (aquellos de menos de un centenar de kilómetros de diámetro), el calor producido por la desintegración de sus componentes radiactivos escapó al espacio sin llegar a fundir sus materiales primigenios, por lo que su composición ha permanecido prácticamente intacta desde la infancia del sistema solar. Los meteoritos procedentes de ellos se denominan condritas, ya que se caracterizan por la presencia de cóndrulos: pequeñas esferas ígneas formadas principalmente por silicatos cristalinos que, junto a otras inclusiones y granos metálicos, se encuentran envueltas en una matriz de grano muy fino.

Las condritas no solo son representativas de los cuerpos que dieron lugar a los planetas rocosos, sino que tal vez fuesen las que trajeron el agua y la materia orgánica a la Tierra. Algunas contienen hasta un 12 por ciento de agua y un 5 por ciento de carbono, razón por la que reciben el nombre de condritas carbonáceas. Estas rocas primigenias se antojan clave para entender el origen de los océanos y de la vida en la Tierra [véase «Meteoritos primitivos», por Alan E. Rubin; Investigación y Ciencia, abril de 2013]. Su análisis constituye uno de los objetos de estudio de nuestro grupo de investigación en el Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC), en Barcelona.

Aunque la observación telescópica de asteroides permite establecer vínculos genéricos entre los diversos grupos de condritas, su estudio detallado requiere analizar estas rocas en el laboratorio. Por ello resultan esenciales las misiones espaciales de retorno de muestras, cuyo objetivo consiste en viajar hasta ciertos asteroides tipo para extraer material y regresar con él a la Tierra. Estas misiones permitirán estudiar el papel de las condritas carbonáceas en el origen de la vida en nuestro planeta, el cual acaeció hace unos 3800 millones de años, justo tras un período conocido como Gran Bombardeo Tardío, en el que innumerables objetos de esta clase cayeron sobre nuestro planeta.

La carrera ya ha empezado. La NASA y la Agencia Espacial Japonesa han lanzado las misiones OSIRIS-REx y Hayabusa 2, las cuales tomarán muestras de los asteroides primitivos Bennu y 1999 JU3, respectivamente. Para no quedarnos atrás, la comunidad científica europea se ha organizado en torno a la misión Marco Polo 2D, que esperamos sea finalmente considerada por la Agencia Espacial Europea (ESA) para traer muestras del asteroide carbonáceo 2001SG286 o de algún otro de naturaleza primitiva y próximo a la Tierra. Cada uno de estos asteroides es sustancialmente distinto y constituye una fuente potencial de minerales diversos, por lo que su exploración reviste un enorme interés.

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