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  • Investigación y Ciencia
  • Agosto 2015Nº 467
Panorama

Biología vegetal

Cultivos biotecnológicos más resistentes a la sequía

Nuevos hallazgos sobre la acción del ácido abscísico, una hormona clave en la respuesta de las plantas a la escasez de agua, abren nuevas vías de mejora vegetal.

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En la inquietante película El incidente, del director indio M. Night Shyamalan, se nos muestra un mundo vegetal que reacciona de una manera mortífera ante los humanos. Los bosques y praderas se convierten en sensibles detectores de grupos de personas y liberan algún tipo de neurotoxina que los acaba matando.

Afortunadamente para nosotros, estos episodios solo pueden ocurrir en la imaginación del brillante director. No obstante, sí es cierto que las plantas poseen un elaborado sistema de respuesta ante el estrés ambiental, sea causado por seres vivos (como herbívoros, insectos y patógenos) o por diversas situaciones que inciden negativamente sobre su crecimiento y desarrollo (sequía, salinidad, fluctuaciones de temperatura). Es fácil entender que tal reacción resulte necesaria para la supervivencia de las plantas y, por tanto, para su éxito evolutivo. Estas, a diferencia de los animales, son organismos sésiles, por lo que muestran una especial sensibilidad ante circunstancias adversas de las que no pueden escapar. De hecho, la aparición de una hormona vegetal denominada ácido abscísico (ABA) fue decisiva para que los primeros vegetales no acuáticos pudieran colonizar el medio terrestre. Hoy esa hormona desempeña una función crucial en la regulación del consumo de agua y en la reacción fisiológica de la planta ante la sequía.

La escasez de agua limita gravemente la producción vegetal, que puede disminuir entre un 50 y un 80 por ciento a causa de ella y otros factores de estrés. Los efectos negativos repercuten en particular sobre la agricultura, que representa la base de la alimentación animal y el sustento de la creciente población del planeta. Sin duda, se requerirá un esfuerzo vigoroso para generar nuevas variedades vegetales que exhiban una mayor eficiencia en el uso del agua y tolerancia a la sequía, bien a través de métodos clásicos de mejora genética, o bien mediante técnicas moleculares de ingeniería genética. Mientras que la mejora genética se basa en el cruce de especies relacionadas y selección de los caracteres deseados en la descendencia, la ingeniería genética permite introducir rasgos de interés en una especie a partir del conocimiento de la función de los genes. Ambas disciplinas serán necesarias para una nueva revolución verde que contribuya a mantener el rendimiento de los cultivos en situaciones de estrés ambiental.

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