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  • Investigación y Ciencia
  • Agosto 2015Nº 467
Apuntes

Geología

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El desastre que se cierne sobre las presas del Himalaya

Dos naciones tan pobladas como China e India están construyendo presas en una zona de gran actividad sísmica.

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A principios de este año, los terremotos de Nepal arrasaron miles de edificios, mataron a más de 8500 personas e hirieron a cientos de miles más. Los temblores, de magnitudes 7,8 y 7,3, al agrietar o dañar además varias centrales hidroeléctricas, subrayaron otro peligro inminente: que revienten presas. Se han construido o se encuentran en alguna fase de su construcción o planificación más de 600grandes presas en el Himalaya; aunque es una región geológicamente activa, es probable que muchas no estén diseñadas para aguantar los peores terremotos que podrían golpear allí, según sostienen diversos sismólogos e ingenieros de obras públicas. Si cayese alguna, pantanos tan grandes como un lago se verterían corriente abajo sobre pueblos y ciudades. Que se hundiese, por ejemplo, la presa de Tehri, en el Himalaya central, asentada sobre una falla, liberaría una pared de agua de 200 metros de alto que embestiría contra dos ciudades. La inundación afectaría a seis núcleos urbanos, con una población entre todos de dos millones de personas.

Los modelos sismológicos muestran que es probable que haya más terremotos potentes en el Himalaya en los próximos decenios. El subcontinente indio va empujando por debajo de la meseta tibetana a un paso de alrededor de 1,8metros por siglo, pero con regularidad se atasca; cuando la obstrucción cede, una parte de la placa tibetana se desplaza de golpe unos metros hacia el sur y libera la energía acumulada con un terremoto. Los terremotos de Nepal desestabilizaron también la región hacia el oeste, observa Laurent Bollinger, sismólogo de la Comisión de Energías Alternativas y Energía Atómica de Francia. Esta desestabilización aumenta la probabilidad de que se produzca pronto un gran terremoto, que, por definición, es uno de magnitud 8 o mayor. Otros estudios indican que los terremotos han liberado solo una parte de la tensión de esa línea de falla, de la que se espera que se reajuste con seísmos de una magnitud igual o mayor. «Si será ahora cuando se rompan, con un 8, o si esperarán doscientos años y cederán entonces con un 8,7, es algo que no puede saberse», comenta Vinod K. Gaur, del Instituto del Cuarto Paradigma, del Consejo de Investigaciones Científicas e Industriales, en Bangalore.

En esas zonas, con semejante actividad sísmica, es precisamente donde se están construyendo cientos de presas o se piensa erigirlas, la mayoría para suministrar energía hidroeléctrica a India o a China. Una presa construida en este furor hidráulico pagado por los Gobiernos debería, como cualquiera de las ya terminadas, resistir las fuertes sacudidas del suelo causadas por un terremoto extremo, apunta Martin Wieland, de la Comisión Internacional de Grandes Presas, grupo de ingenieros que hace recomendaciones relativas a los estándares estructurales. Aunque todas las naciones tienen sus propias normas, India y China mantienen en secreto el diseño de sus presas cuando se quiere inspeccionarlo internacionalmente. Rara vez se permite que ingenieros independientes evalúen la robustez de las estructuras, y cuando consiguen hacerlo, los resultados pueden ser inquietantes.

Según Probe Internacional, organización canadiense que efectúa investigaciones ambientales, los diseñadores de la presa de las Tres Gargantas adoptaron «la interpretación más optimista posible» de la sacudida que se produciría con un terremoto cercano. De modo parecido, nunca se sometió a la presa de Tehri a simulaciones realistas, en opinión de Gaur, que participó en su comité supervisor, y también en la del ingeniero de obras públicas R. N. Iyengar, que fue miembro del Instituto Indio de Ciencias, en Bangalore. Los científicos e ingenieros que trabajan para el Gobierno sostienen que la presa de Tehri sobreviviría a una sacudida de magnitud 8,5, pero los expertos externos no son tan optimistas. Entre cientos de presas, una u otra correrán peligro de reventar cuando llegue el siguiente gran terremoto. Si ocurriese durante los monzones, cuando las presas están llenas, las consecuencias podrían ser catastróficas.

La corrupción local complica las cosas. Gracias a ella, los constructores usan impunemente materiales de calidad inferior a la exigida o incumplen los parámetros obligatorios. Según un estudio que publicó Nature en 2011, una mayoría abrumadora de las muertes causadas por el derrumbe de edificios en terremotos se produjo en países corruptos. Más aún, Transparencia Internacional, organización no gubernamental que pone el foco en la corrupción, considera que las obras públicas de construcción son uno de los ramos más propensos al cohecho, y las presas preocupan en especial. Escándalos relativos a proyectos de presas han perturbado tanto a India como a China, hasta el punto de que el ex primer ministro chino Zhu Rongji acuñó la gráfica expresión «construcción de tofu» para referirse a una presa defectuosa.

Un puñado de científicos, bien conscientes del peligro oculto en el Himalaya, encabeza la defensa de que haya evaluaciones realistas y sin tapujos, encaminadas a proteger a la población de la zona. No están teniendo mucho éxito. El Tribunal Supremo de la India, al dictaminar sobre una demanda interpuesta por ecologistas contra la presa de Tehri, se puso de parte de los científicos del Gobierno y desestimó las dudas sobre la seguridad de la misma. Y en 2012 el sismólogo Roger Bilham, de la Universidad de Colorado en Boulder, fue deportado desde el aeropuerto de Nueva Delhi, en parte, dice, por su predicción, no bien recibida, de que en el Himalaya podría haber un terremoto de magnitud9. Bilham mantiene que el Gobierno indio desanima desde entonces las colaboraciones en sismología con extranjeros.

Por ahora, todo lo que las partes interesadas pueden hacer es llamar la atención sobre el problema. «La luz del sol es el mejor desinfectante» —dice Peter Bosshard, de Internacional Rivers, en Berkeley, California—. «Sin el control público, se necesitará algo más que luz solar: el próximo gran terremoto que se produzca en esa zona quizá se convierta en un tsunami artificial.»

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