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GETTY IMAGES/URUPONG/ISTOCK

En «La sorprendente inteligencia de las aves» [Investigación y Ciencia, abril de 2020], Onur Güntürkün afirma que su estudio con urracas supuso la primera demostración de que las aves podían autorreconocerse en un espejo. Esto es simplemente falso. Hace casi cuatro décadas, yo y mis colaboradores, entre ellos el afamado psicólogo de Harvard B. F. Skinner, publicamos un artículo en Science que describía el mismo tipo de comportamiento en las palomas [«“Self-Awareness” in the pigeon»; R. Epstein, R. P. Lanza y B. F. Skinner en Science, vol. 212, 1981]. Las aves usaron un espejo para localizar un punto en su cuerpo que no podían ver directamente. Aunque este tipo de comportamiento ha sido tradicionalmente atribuido al autorreconocimiento o a otros procesos cognitivos, nuestro experimento sugería una componente ambiental.

Por otro lado, se sabe que hay diferentes grados de propiocepción o autorreconocimiento. Por ejemplo, en nuestro artículo no incluimos que las palomas atacaron su propio reflejo. Y, de hecho, incluso los humanos somos a veces tan ajenos a ciertos aspectos de nosotros mismos como lo eran aquellos pájaros.

Robert Lanza
Universidad Wake Forest

RESPONDE GÜNTÜRKÜN: No creo que el estudio de Lanza, ni una replicación exitosa publicada en 2014 por investigadores japoneses, demuestre una capacidad de autorreconocimiento en las palomas.

El condicionamiento operante puede hacer que un animal se comporte de varias maneras. En ambos experimentos, las palomas fueron condicionadas paso a paso para picotear un punto en su cuerpo que solo podían ver en el espejo. En el trabajo de Lanza, ello se logró después de entrenar primero a las aves para que picotearan puntos visibles en su cuerpo, luego para que picoteasen puntos en la pared, y por último para que llevaran a cabo varios pasos intermedios en los que intervenía un espejo.

Dicho procedimiento es completamente distinto del empleado con simios, elefantes y urracas. En este caso se deja que los animales se habitúen al espejo durante unas horas, durante las cuales no reciben entrenamiento para tocar su cuerpo ni para prestar atención a las marcas. Después, se les hacen las marcas y se observa cómo reacciona el animal.

En nuestro estudio con urracas usamos varias condiciones de control (sin espejo, así como una marca negra que no era visible para los pájaros). Las urracas nunca fueron condicionadas para rascarse el área bajo el pico, para prestar atención a la marca ni para mirar detrás del espejo, sino que actuaron de manera espontánea. Esta es una diferencia fundamental entre nuestro trabajo y el de Lanza, por lo que uno y otro exigen interpretaciones distintas. Por poner un ejemplo extremo, podríamos condicionar a un mono para que escribiera «ser o no ser», pero eso no debería hacernos inferir que el animal está reflexionando sobre los clásicos de la literatura universal.

Estoy de acuerdo con Lanza en que posiblemente haya diferentes grados de propiocepción o autorreconocimiento. Pero no creo que condicionar a los animales pueda ayudar a resolver la cuestión.

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