Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Preservar el cielo nocturno

Miles de nuevos satélites podrían estropear una vista que ha inspirado y conectado a miles de millones de personas a lo largo de la historia.

MARTIN GRE

La compañía SpaceX ya ha lanzado cientos de sus satélites Starlink y prevé poner en órbita hasta 42.000 de ellos, con el objetivo de proporcionar Internet de alta velocidad a miles de millones de personas. Avanzar hacia este tipo de acceso es loable e importante, pero tiene un precio: esos primeros satélites enviados el año pasado reflejan la luz solar y brillan más que el 99 por ciento de los otros 5000 aparatos, más o menos, que giran ahora mismo alrededor de la Tierra; y sin duda habrá muchos más [véase «Oleada de satélites», por Mark Fischetti; Investigación y Ciencia, agosto de 2020].

Esa proliferación es perjudicial para la astronomía: la probabilidad de que un satélite Starlink atraviese el campo de visión de un telescopio y eche a perder una observación será bastante alta cerca del alba y el ocaso, cuando los objetos están más iluminados. Por este motivo, más de 1800 de mis colegas astrónomos han firmado una petición para que los Gobiernos protejan el cielo nocturno de tamaña incursión.

El impacto de esa enorme constelación artificial y otras previstas trascenderá la astronomía. La horda de satélites Starlink ya puede apreciarse a simple vista en un cielo moderadamente oscuro y, en última instancia, en torno al crepúsculo podrían verse más de 100 puntos de luz en movimiento desde cualquier lugar del planeta. Ese número es similar al de las estrellas más brillantes del firmamento, aquellas que se distinguen fácilmente y ayudan a localizar las constelaciones.

La humanidad es una mezcla de culturas surgidas en diversos lugares y con distintas historias, pero casi todas ellas poseen relatos emotivos o admonitorios inspirados en la misma bóveda celeste repleta de estrellas. ¿Estamos a punto de perder algo que nos ha unido de manera intangible, una experiencia común que ha contribuido a convertirnos en una familia humana, a cambio de una comodidad moderna?

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.