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Wallace, el «otro» descubridor de la evolución

Los viajes y las lecturas científicas le llevaron a las mismas ideas que Darwin sobre la selección natural.

Alfred Russel Wallace ca. 1895. [WIKIPEDIA/DOMINIO PÚBLICO]

Es habitual referirse a la teoría de la evolución de las especies como la teoría «de Charles Darwin». Pero, aunque existen buenos motivos para obrar de esta manera (basados en el gran libro que publicó en 1859, On the origin of species), no se hace justicia a quien llegó a las mismas ideas que Darwin antes de que este las diera a conocer públicamente: Alfred Russel Wallace (1823-1913), un «inglés nacido en Gales» como se denominaba a sí mismo.

Alfred Russel Wallace

Obligado por la situación económica de su familia (era el octavo de nueve hijos), Wallace tuvo que ganarse la vida como agrimensor, maestro de dibujo, cartografía y agrimensura, y, junto a algunos de sus hermanos, promotor de pequeñas empresas hasta que, finalmente, gracias a sus lecturas de obras de Humboldt, Darwin y Lyell, y a la amistad con un joven que compartía sus mismas aficiones y escasos recursos, Henry Walter Bates (1825-1892), lo ganó el estudio de la naturaleza. Pero, al contrario que Darwin, para ejercer tal interés no le quedó más recurso que ganarse la vida vendiendo especímenes que recogía en largos viajes (primero, entre 1848 y 1852, por América, periplo en el que le acompañó Bates; luego, de 1854 a 1862, en el archipiélago malayo).

En septiembre de 1855, Wallace publicó en Annals and Magazine of Natural History su primer artículo teórico, «Sobre la ley que ha regulado la introducción de nuevas espe­cies», en el que argumentaba que una especie nueva siempre empieza a existir en un área ya ocupada por especies emparentadas, una idea con claras implicaciones evolucionistas: «Toda especie ha llegado a existir [escribía al final de su artículo] coincidiendo tanto en el espacio como en el tiempo con especies preexistentes estrechamente relacionadas». Pero no ofrecía ninguna explicación de cómo se forman las nuevas especies.

En su autobiografía, Wallace recordó que «poco después de que apareciera en artículo, el señor Stevens me escribió informándome de que había escuchado a varios naturalistas expresar disgusto porque yo estaba “teorizando”, cuando lo que había que hacer era recoger más datos. Después de esto, en una carta a Darwin le expresé mi sorpresa porque parecía que mi artículo fuese apenas conocido, a lo que él respondió que tanto Sir Charles Lyell como el señor Edward Blyth, dos muy buenos hombres, llamaron su atención especialmente sobre él». La carta de Darwin a la que se refería Wallace es del 22 de diciembre de 1857, pero antes de eso, el 1 de mayo de 1857, aquel respondía a una carta anterior de este:

 

Mi querido señor:

Le agradezco mucho su carta del 10 de octubre [1856] desde Célebes, que he recibido hace pocos días […]. Por su carta e incluso más por su artículo en Annals, de hace un año o más, puedo ver con claridad que hemos pensado de manera parecida y en alguna medida llegado a conclusiones similares. Con respecto a su artículo en Annals, estoy de acuerdo con la verdad de casi todas las palabras de su artículo; y me atrevo a decir que estará de acuerdo conmigo en que es muy raro que uno se encuentre que está de acuerdo bastante estrechamente con cualquier artículo teórico; ya que es lamentable cómo se extraen diferentes conclusiones a partir de los mismos hechos. Este verano hará veinte años (¡) que comencé mi primer cuaderno de notas sobre la cuestión de cómo y de qué manera las especies y variedades se diferencian unas de otras. Ahora estoy preparando mi trabajo para su publicación, pero encuentro el tema tan amplio que, aunque he escrito muchos capítulos, no espero que entre en imprenta antes de dos años.

Nunca he sabido cuánto tiempo piensa permanecer en el archipiélago malayo; deseo poder beneficiarme de la publicación de sus viajes allí antes de que aparezca mi trabajo, ya que no dudo de que recogeré de él una gran cosecha de hechos.

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