Paleopatología de la columna vertebral

El hueso es la parte del organismo que más resiste al paso del tiempo después de la muerte. La paleopatología de la columna refleja dos tipos de afecciones, uno común al esqueleto y otro en relación directa con la adquisición de la bipedia.

La paleopatología estudia las enfermedades de los organismos que vivieron en la antigüedad. Sin fecha fija de arranque, hay acuerdo en situar su fin en las postrimerías de la Edad Media. En ese dilatadísimo intervalo caben los más diversos organismos, algunos de los cuales han sufrido un proceso de fosilización. Sólo los vertebrados poseen una columna característica, que sirve de sostén al esqueleto. En el grupo de los vertebrados se encuadran los mamíferos, clase que acoge al suborden de los antropoides, al que pertenece el género Homo, que es el de nuestra especie: Homo sapiens. Limitaremos nuestra exposición a la paleopatología de la columna vertebral de los homínidos.

La columna vertebral constituye el eje del tronco y sirve de soporte a la cabeza y, de forma indirecta, a través de las cinturas escapular y pelviana, a las cuatro extremidades. En los animales con cola, este apéndice es la prolongación del coxis. Tiene la columna una función de protección; está en íntima relación con la médula espinal y los nervios raquídeos, lo que da una idea inmediata de la importancia que los procesos patológicos que la afecten tendrán para el individuo.

La morfología de la columna varía en las distintas especies y sus características dependen de la estructura del grupo. Influye, sobre todo, en la forma de deambulación que, en los mamíferos, adopta tres variedades: tetrapodía, braquiación y bipedia. Dominan las formas cuadrúpedas, hasta el punto de que las primeras clasificaciones intuitivas que se crearon las consideraron grupo propio. Entre los primates predomina la braquiación. Sólo los homínidos son bípedos.

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