Infección por HIV: cuadro clínico

El virus de la inmunodeficiencia humana origina un espectro de alteraciones que culminan con la aparición del SIDA. El diagnóstico precoz de la infección por HIV encierra la clave para prolongar la salud y la vida.

En nuestra calidad de médicos, se nos pide a menudo que describamos la evolución típica del SIDA, inmunodeficiencia grave que permite que organismos normalmente benignos proliferen agresivamente en los enfermos. Solemos responder que el ruego no está bien formulado. Puesto .que sabemos ya que la causa del SIDA es un virus —el de la inmunodeficiencia humana, o HIV—, la atención debiera centrarse sobre la evolución de la enfermedad desde sus comienzos y no limitarse al SIDA. El HIV desencadena un trastorno progresivo y predecible de la función inmune; el SIDA constituye sólo la manifestación terminal del proceso.

Resulta fundamental dedicar mayor atención al HIV, si queremos ganar tiempo en el tratamiento y la prevención. El diagnóstico precoz de la infección por HIV permite tratar del mejor modo posible al paciente desde los primeros momentos de la enfermedad. Frecuentemente, se puede prevenir la aparición de complicaciones o el que éstas escapen a nuestro control. Podemos prevenir, por ejemplo, la infección oportunista letal por Pneumocystis carinii (NPC), una neumonía que ha sido característica del SIDA, administrando precozmente medicamentos durante el curso de la infección por HIV. (Las infecciones oportunistas ocurren cuando el sistema inmune deja de funcionar.) Además, el medicamento Retrovir (también llamado AZT), que ha demostrado prolongar la vida de los pacientes en fase terminal de la enfermedad, se muestra prometedor como tratamiento en los estadios iniciales de la infección. El diagnóstico precoz impide también la transmisión inadvertida del HIV y permite considerar un cambio de comportamiento antes de contagiar el virus a otras personas.

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