Vacunas del SIDA

Se están ensayando varios candidatos y otros esperan turno, pero el éxito se resiste a llegar. El ciclo biológico del virus y la peculiaridad del ensayo convierten al HIV en duro adversario.

La mejor manera de combatir una enfermedad es evitarla. La vacunación constituye la forma más sencilla, inocua y eficaz de prevención. Son legendarios los éxitos alcanzados por las vacunas en la lucha contra los virus. Además de propiciar resonantes triunfos en las campañas contra la viruela y la poliomielitis, se debe también, en gran medida, a la vacunación el descenso de la fiebre amarilla, del sarampión, las paperas y la rubéola. Frente a esos éxitos, el tamaño del virus de la inmunodeficiencia humana (HIV) se multiplica. La vacuna contra el SIDA tal vez constituye el reto más formidable y urgente con que se enfrentan los virólogos.

El desarrollo de vacunas se ha venido considerando de máxima prioridad en las investigaciones sobre el SIDA desde que, en 1984, se demostró de manera concluyente que el HIV era la causa de la enfermedad. Sin embargo, a pesar de los millones de dólares y los centenares de científicos dedicados a investigar sobre el tema, C. Everett Koop, ministro de sanidad norteamericano, ha advertido a la población que no se espere una vacuna antes de fin de siglo. ¿Por qué?

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