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1 de Noviembre de 1997
Bioética

Etica del uso de placebo en investigación clínica

La utilización de placebos en investigación clínica ha sido crucial para el desarrollo de nuevas herramientas terapéuticas. Pero su empleo exige una cuidadosa valoración ética.

El grabado, de principios del siglo XVII, muestra a un vendedor ambulante de preparados medicinales. La mayoría de estos remedios carecían de acción terapéutica específica pero el efecto placebo, entre otros factores, les hacía pasar por eficaces y permitía mantener el negocio (prósperamente, a juzgar por el aspecto del vendedor). El grabado es de Jan van de Velde y pertenece a la colección Ars Medica del Museo de Arte de Filadelfia.

La introducción del placebo en a investigación clínica constituyó un paso decisivo en la aplicación del método experimental en medicina. Desde el punto de vista de la eficiencia estadística y de la claridad en la interpretación de los resultados, las ventajas que aporta un grupo control con placebo son notables. Pero al mismo tiempo, por tratarse de sujetos humanos, el recurso al placebo plantea problemas éticos que exigen una cuidadosa valoración para decidir en qué casos estaría justificado.

Para el objetivo que nos ocupa podemos convenir en llamar placebo a la sustancia que por sí misma carece de acción terapéutica y que se utiliza en investigación clínica como un control para probar la eficacia de un fármaco o bien de cualquier otro procedimiento terapéutico.

La evolución semántica del vocablo es muy interesante. Placebo (“yo complaceré”) es forma de futuro del verbo latino placere (“complacer”). Su empleo como sustantivo tiene un origen curioso: el salmo 114, versícu­lo 9, de la Vulgata (salmo 116: 9 de la notación actual), que se incorpora a la liturgia de la Iglesia Católica Romana en el rezo de vísperas del oficio de difuntos. Dice ese versícu­lo: Placebo Domino in regione vivo­rum (“Complaceré al Señor en la región de los vivos”). En el siglo xii, el ofi­cio de vísperas de difuntos se designaba en inglés como placebo, honor que se hacía a la primera palabra de la antífona antes mencionada. Por extensión, desde el siglo xiv los cantores del salmo pasaron a denominarse “cantores de placebo”. A partir de aquí la palabra se enriquece en su significado pasando a un contexto profano, cuando se aplica para describir la forma de actuar de cortesanos, aduladores y personas complacientes en general.

Esa acepción de halago o complacencia probablemente se incorpora pronto en medicina, aunque la primera definición en que se recoge no llega hasta 1785. En la edición del Motherby’s New Medical Dictionary de ese año el placebo se describe como “método banal o medicina”. En 1811, en el Hooper’s Medical Dictionary es ya el “calificativo que se aplica a toda medicación prescrita más para complacer al enfermo que para resultarle útil”, decantando el significado moderno del término e indicando la importancia del elemento psicológico. El carácter inerte del placebo no aparece referido hasta finales del siglo xix.

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