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1 de Octubre de 2017
Psicología

Hablar consigo mismo

El estudio de las conversaciones que la gente mantiene para sus adentros abre una ventana a los entresijos de la mente.

DANIEL STOLLE

En síntesis

La mayoría de la gente habla consigo misma, un fenómeno psicológico denominado habla interior.

Esta conversación íntima nos ayuda a planificar y regular nuestras emociones y a ser creativos, entre otras importantes funciones. Pero su estudio resulta esquivo.

En los últimos años, los psicólogos han hecho notables avances en el análisis del habla interior, en parte gracias a los estudios con técnicas de imagen médica que escudriñan el cerebro en funcionamiento.

Sus descubrimientos revelan algunas de las bases neurales de estas conversaciones privadas y arrojan luz sobre algunos misterios históricos de la mente.

La alarma sonó temprano. Me hallaba en la habitación de un hotel londinense, cerca de la sede central de la BBC. No había dormido bien. Mi semblante ante el espejo del baño era el de alguien pálido y un poco inquieto. Tenía razones para estar nervioso. En poco más de una hora estaría hablando en directo ante millones de oyentes en la tertulia radiofónica insignia de la BBC, Start the week. Cuando clavé la mirada en el espejo fui consciente de que estaba hablando en silencio, en mi cabeza. Mis palabras eran tranquilizadoras. Iban dirigidas a mí. «Relájate. Ya has estado antes en Start the week.» Tuve la impresión de que estaba hablándome a mí mismo, pero también que oía algo en mi interior, el susurro familiar de una voz.

Esta anécdota refleja la experiencia cotidiana: los pensamientos, las imágenes y las sensaciones que pasan por su cabeza, lector, cuando está a remojo en la bañera, picando cebolla en la cocina o esperando a que se abra la puerta en una cita importante. Cuando se le interpela acerca de ello, la gente responde que en su yo interior abunda el verbo. Los psicólogos emplean el término «habla interna» para este fenómeno en el que el individuo se dirige a sí mismo quedamente en su cabeza. Tiene un primo hermano, el «habla privada», en el que la gente se habla a sí misma de forma audible. Si uno se dice cosas como «Recuerda comprar café» o «Sigue adelante con tu plan» sin mentar palabra, está usando el habla interna; si lo entona en voz baja, recurre al habla privada.

Ambas formas de lenguaje parecen responder a variados propósitos, como la planificación y la supervisión del comportamiento, el control de las emociones y el fomento de la creatividad. Al parecer, en la edad adulta el habla interna es más común que la privada y reviste mayor interés para los psicólogos puesto que probablemente desempeña el papel principal en nuestro pensamiento. Pero también destaca por ser la más difícil de escrutar, con mucho. Cuando comencé a estudiarla en los años noventa apenas había bibliografía sobre el tema. La situación ha cambiado drásticamente desde entonces, en parte gracias a la concepción de nuevas técnicas experimentales y en parte porque ahora tenemos una noción más profunda de cómo opera, qué formas adopta y cómo estimula o ralentiza el pensamiento. De hecho, comenzamos a entrever que el habla interna esclarece algunas grandes cuestiones acerca de la mente y del cerebro.

Soliloquio

Henry está tumbado sobre una esterilla con un tren de juguete en cada mano, extasiado con la ciudad imaginaria que está a punto de crear. «Primero los coches. Luego un gran tren», se dice a sí mismo. Tiene tres años. Si acude a una guardería o a una clase de preescolar en cualquier lugar del mundo verá (y oirá) algo similar. Puede resultar bulliciosa un aula de niños pensando en voz alta. Pero este fenómeno natural del habla privada infantil aporta claves importantes sobre el origen del verbo íntimo.

Los estudiosos han reflexionado durante mucho tiempo sobre el habla privada de los niños pequeños. En los años veinte del pasado siglo, el psicólogo suizo Jean Piaget propuso que este tipo de conversación íntima reflejaría la incapacidad de los más jóvenes para tomar la perspectiva de las otras personas y de adaptar el lenguaje propio al de sus oyentes. Desde ese punto de vista, el habla privada era el resultado de un fallo en la comunicación con los demás. Por eso se pensaba que a medida que el niño crecía y adquiría mayores dotes de conversación y asimilaba las perspectivas de sus oyentes acababa por desaparecer.

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