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1 de Octubre de 2017
Historia de la ciencia

Pasado en construcción

Crónica del último congreso anual de la Sociedad Británica de Historia de la Ciencia, que este año cumple siete décadas.

Conferencia inaugural del congreso, a cargo de Patricia Fara, la actual presidenta de la Sociedad Británica de Historia de la Ciencia. [SOCIEDAD BRITÁNICA DE HISTORIA DE LA CIENCIA; ALICE WHITE, EDITORA DE VIEWPOINT, EL MAGACÍN DE LA BSHS]

En 1947, el historiador británico Herbert Butterfield impartió en la Universidad de Cambridge un curso sobre historia de la ciencia publicado dos años más tarde con el título de Los orígenes de la ciencia moderna (The origins of modern science, 1300-1800, Bell, 1949). Butterfield caracterizó la revolución científica de los siglos XVI y XVII como un acontecimiento histórico crucial que reducía «el Renacimiento y la Reforma a simples episodios y meros cambios internos en el seno de la cristiandad medieval». La importancia de la ciencia era evidente en los primeros compases de la Guerra Fría. Su imagen pública se construía en las formas más diversas y los lugares más insospechados, incluida la literatura infantil. Ese mismo año apareció el sexto volumen de la serie de aventuras de Los cinco, Los cinco otra vez en la isla de Kirrin (Five on Kirrin’s island again, 1947). Es muy probable que su autora, Enid Blyton, se inspirara en las recientes pruebas nucleares del atolón Bikini al crear una isla en la que un científico extraordinario realizaba experimentos secretos.

La Sociedad Británica de Historia de la Ciencia (BSHS, por sus siglas en inglés) nació en ese contexto. Su presidenta actual, Patricia Fara, de la Universidad de Cambridge, lo evocó en la apertura del congreso anual que se celebró en la Universidad de York (Reino Unido) entre el 6 y el 9 del pasado julio. Sin ser la más antigua de las sociedades científicas dedicadas a la historia de la ciencia, la BSHS es, sin duda, una de las que cuenta con una trayectoria más sólida. En el encuentro se conmemoró su septuagésimo aniversario.

La pervivencia del pasado

Esta reseña toma su título de la conferencia que inauguró el congreso: «The past is a work in progress». Fara aludió al conocido ensayo de David Lowenthal, The past is a foreign country («El pasado es un país extraño», Akal, 1998). Frente a la extrañeza que nos causa el contacto con otras culturas, Fara citó a William Morris para señalar la pervivencia del pasado: «El pasado no está muerto, sino que vive en nosotros, y estará vivo en el futuro que estamos ayudando a construir» (prefacio a Medieval lore, 1893). Lo ejemplificó con la cuestión de género y ciencia, a la que ha dedicado numerosos trabajos. Iniciativas actuales, como la Red Académica de Mujeres de Ciencia (SWAN), entre tantas otras, aspiran a culminar esfuerzos previos por recuperar, visibilizar y posibilitar el trabajo científico de las mujeres.

La historia de la ciencia se ha consolidado como disciplina académica sin dejar de ensanchar su horizonte metodológico y crear nuevos objetos de estudio. El programa del congreso reflejó tal diversidad. Desde el punto de vista temático, las sesiones dedicadas a científicos como Darwin, disciplinas como la genética o la física, o ámbitos enteros de conocimiento como las ciencias humanas, se alternaron con otras sobre la ciencia y los niños, nuevas metodologías de investigación en historia de la ciencia, o el uso del cine en los espacios de comunicación científica, por poner algunos ejemplos. Si bien predominaron las sesiones sobre la ciencia de los siglos XIX y XX, hubo espacio también para la ciencia medieval y moderna. Y las ponencias tuvieron por escenario todo el planeta, prestando especial atención a las ciudades como espacios de ciencia, de Bombay a Edimburgo, pasando por Barcelona, que contó con una sesión sobre «Animales políticos. Espacio urbano, historia natural e ideología», organizada por Oliver Hochadel, de la Institución Milà i Fontanals del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Barcelona. Destacar algunos de estos temas y ponentes no es más que una de las maneras posibles de captar, en este espacio limitado, toda esa diversidad.

Imágenes fijas y en movimiento

También los efectos del «giro visual», que ha dirigido la atención de las humanidades hacia las imágenes y su interpretación, se dejaron sentir. Jennifer Rampling, de la Universidad de Princeton, analizó las ideas medievales sobre la transformación de la materia a través de las imágenes de los libros de alquimia. Rose Roberto, de la Universidad de Reading y los Museos Nacionales de Escocia, presentó un estudio sobre las imágenes de la Enciclopedia Ilustrada Chambers (1859-1868, con reediciones hasta 1892). Los archivos de W. & R. Chambers, la editorial de Robert Chambers, autor anónimo de los Vestigios de una historia natural de la creación (Londres, 1844), incluyen los bloques de madera usados en la impresión y permiten analizar la producción y el significado de las ilustraciones para la comunicación de la ciencia a un público cada vez más amplio.

El cine y la televisión estuvieron asimismo muy presentes en el congreso. Arne Schirrmacher, de la Universidad Humboldt en Berlín, analizó el documental de Jon Boorstin sobre el Exploratorium de San Francisco, un film de 1974 que contribuyó a perfilar un nuevo tipo de centro expositivo. Tim Boon, del Museo de la Ciencia de Londres, presentó un ambicioso proyecto sobre «Monumentos, performances, guiones y encuentros», que pretende explorar la cultura científica del siglo xx a través de los medios de comunicación. Entre otras actividades paralelas se proyectó Containment (2016), un film del historiador Peter Galison y el cineasta Rob Moss sobre la gestión de los residuos nucleares.

Vidas ordinarias

La historia de la ciencia ha dejado de ignorar a los técnicos invisibles y los artesanos expertos. Las ponencias de York abundaron en los saberes de cazadores, mecánicos, navegantes, impresores, agricultores… Un buen ejemplo de ello lo ofreció el estudio de Daniel Belteki, de la Universidad de Kent, sobre la ingente labor de mantenimiento que requería el instrumental de precisión del Observatorio de Greenwich y, en particular, su telescopio principal, el gran Círculo de tránsito que medía el paso de las estrellas. Pese a que el término «mantenimiento» no formaba parte del vocabulario del personal del observatorio, define bien sus tareas. No en vano David Edgerton, del Colegio King de Londres, le dedicó un capítulo de su Innovación y tradición (Crítica, 2007), una historia de la tecnología que critica la obsesión por la innovación y el desprecio del uso. Helen Cowie, de la Universidad de York, ofreció otro ejemplo de este enfoque, basado en el comercio de pieles de foca en la segunda mitad del siglo XIX. Cazadores, zoólogos y comerciantes de pieles tejieron de un lado a otro del Atlántico una compleja red de relaciones diplomáticas, comerciales y científicas. Su preocupación por la protección de la fauna y la naturaleza no tenía motivaciones humanitarias o ambientales, sino utilitarias.

En algún caso, la marginación, supuesta o real, ha conllevado cierta notoriedad. John van Wyhe, de la Universidad Nacional de Singapur, especialista en Darwin y editor de las páginas web Darwin Online y Wallace Online, contó la historia de la relación entre Charles Darwin y A. Russel Wallace. Desde la publicación conjunta de sus primeros esquemas evolutivos, en 1858, hasta la celebración, en 1959, del centenario de la publicación de El origen de las especies, la relación entre ambos científicos fue presentada como un episodio ejemplar de cooperación y atribución de crédito científico. A partir de entonces, sin embargo, ha tomado cuerpo la idea de que Wallace no ha recibido la consideración debida. Su creciente popularidad, como la del constructor del cronógrafo marino, John Harrison, o la del inventor eléctrico Nikola Tesla, tiene que ver, para Wyhe, con la simpatía por el genio incomprendido.

Una de las conferencias plenarias estuvo dedicada a otro tipo de protagonistas anónimos: los integrantes de los grupos de personas que han sido objeto de diversos estudios de seguimiento desde 1946 por parte del Gobierno británico. Las circunstancias de su nacimiento, sus hábitos de vida, la configuración de sus familias, y cientos de datos más que relacionan vida y salud, han sido recogidos de forma sistemática. Helen Pearson, editora de la revista Nature, ha narrado esta iniciativa única en The life project (Penguin, 2016) y reflexionó en York sobre su significación.

Experimentos educativos

La historia de la ciencia guarda una relación tan estrecha como problemática con la educación científica. En un intento por trascender los términos habituales de este debate, Gregory Radick, de la Universidad de Leeds, presentó los resultados de un estudio experimental sobre la enseñanza de la genética. Raddick y Annie Jamieson compararon los resultados de aprendizaje de dos grupos de estudiantes. Uno de ellos había partido de las ideas de Mendel sobre la importancia del gen; el otro, en cambio, de las ideas de un científico que en su momento fue muy crítico con el determinismo genético de Mendel: Walter Frank Raphael Weldon. Los alumnos del segundo grupo fueron más receptivos a las ideas actuales sobre la importancia del contexto en el que se desarrolla el gen.

De Bikini al Brexit

En 1962, la BSHS empezó a publicar el British Journal for the History of Science, una revista de referencia que ha decidido sumarse a la celebración del aniversario. Su editora actual, Charlotte Sleigh, de la Universidad de Kent, acordó con Cambridge University Press la publicación de un número virtual de libre acceso que reúne los artículos seleccionados por cada uno de los nueve directores editoriales que ha tenido la revista desde 1971 (puede consultarse en www.cambridge.org/bjhs/50). Los artículos, precedidos por la motivación de su inclusión, dibujan el desarrollo de una disciplina muy porosa. Si en este congreso británico participamos historiadores de 19 países, en septiembre de 2018 la BSHS acogerá en Londres el congreso de la Sociedad Europea de Historia de la Ciencia, dedicado al tema «Unidad y desunión». Ante el Brexit, la comunidad académica presenta su cara más internacional

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