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1 de Octubre de 2017
Conservación

Un felino temeroso

Los pumas reaccionan como presas en presencia de los humanos.

DON JOHNSTON, GETTY IMAGES

El hombre extermina los grandes carnívoros (categoría que engloba a lobos, osos, leones, tigres y pumas) a un ritmo nueve veces mayor que su tasa natural de mortalidad. Tal vez no sean presas en el sentido ordinario del término, pero nuevas investigaciones revelan que algunos de los mayores carnívoros del planeta están respondiendo a la presión humana de un modo que recuerda a cómo se comportan las presas ante los depredadores. Los biólogos del Proyecto Puma de Santa Cruz, investigación que en estos momentos se lleva a cabo en las sierras de la costa central de California, han descrito que incluso el formidable puma muestra su lado temeroso cuando la gente ronda cerca.

En un estudio reciente, siguieron a 17 pumas provistos de collares con GPS hasta los puntos donde habían dado muerte a ciervos. Una vez que los felinos abandonaban el lugar, la ecóloga Justine A. Smith, ahora en la Universidad de California en Berkeley, y su equipo instalaban cámaras accionadas por movimiento sobre los cadáveres de las presas. Cuando el carnívoro regresaba para volver a cebarse con los restos, las cámaras ponían en marcha unos altavoces instalados en las cercanías que emitían grabaciones consistentes en el canto de las ranas o en voces humanas.

Casi siempre los felinos huían de inmediato si escuchaban las segundas; muchos no volvieron a pisar el lugar o tardaron largo tiempo en regresar. En cambio, si oían a los batracios solo huían o interrumpían su comida en raras ocasiones. Asimismo, durante las 24 horas siguientes a su encuentro con las voces humanas dedicaron menos de la mitad de tiempo a comer que si habían oído el canto de las ranas, ha descrito el equipo este año en Proceedings of the Royal Society B.

La presencia humana en tales situaciones tiene consecuencias de mayor alcance. Un estudio precedente constató que los pumas de Santa Cruz que vivían cerca de zonas habitadas mataban un 36 por ciento más de ciervos que los de otros lugares menos poblados. El nuevo hallazgo podría ofrecer una explicación: si abandonan definitivamente sus presas antes de haberlas devorado enteras, están obligados a cazar más para compensar. Y menos ciervos significa más vegetación intacta, según Chris Darimont, profesora de ciencia de la conservación en la Universidad de Victoria, en la Columbia Británica, que no ha participado en el estudio. En definitiva, el miedo al hombre podría estar alterando toda la cadena trófica.

«El ser humano es el principal causante de muertes para los pumas de esta población, aunque [los felinos] no sean cazados [legalmente]» como alimento o trofeo de caza, afirma Smith. Muchos caen víctimas de los furtivos, son atropellados por vehículos o son abatidos por los organismos oficiales para proteger los rebaños de ganado. «Así que tienen buenas razones para temernos», añade. Darimont predice que otros grandes carnívoros podrían mostrar actitudes similares dado que el hombre se ha convertido en el superdepredador por antonomasia del planeta, aunque a menudo no devoremos lo que abatimos. «Preveo que se convierta en algo habitual, puesto que el depredador humano da caza a todos los vertebrados de talla mediana y grande del planeta. Y a un ritmo alarmante», sentencia.

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