Aprender sin pensar

Reducir el razonamiento puede facilitar el aprendizaje lingüístico.

[THOMAS FUCHS]

Por razones que aún se desconocen, los niños suelen tener más facilidad para aprender idiomas que los adultos. Hay quien sostiene que comprender una lengua extranjera requiere asimilar de forma inconsciente ciertos patrones sutiles y que, en los adultos, el razonamiento consciente interfiere en ese proceso. Las últimas investigaciones sugieren que, en efecto, los adultos podrían ser más inteligentes de la cuenta.

En un estudio reciente publicado en Journal of Experimental Psychology: General, un grupo de adultos belgas debían leer y escuchar simultáneamente una serie de secuencias con cuatro palabras inventadas (por ejemplo, kieng nief siet hiem). Cuando una palabra contenía cierta vocal, también comenzaba y terminaba por consonantes concretas. A continuación, los participantes debían pro­nunciar esas secuencias en voz alta y con rapidez. Su capacidad para no cometer errores indicaba hasta qué punto habían asimilado los patrones consonante-vocal.

Sin embargo, antes de mostrarles las palabras inventadas, los participantes habían realizado un ejercicio que consistía en pulsar unas teclas al visualizar una serie de letras y números. Algunos de ellos se sometieron a una versión mucho más rápida y mentalmente agotadora de la prueba. Esos sujetos aseguraron haber sufrido una mayor fatiga cognitiva, pero luego obtuvieron mejores resultados en la tarea lingüística subsiguiente. Los investigadores presumen que las personas más cansadas no analizaban de forma tan consciente las reglas de formación de las palabras: aprendían con menos restricciones, como los niños.

En un trabajo relacionado, publicado por el equipo en Proceedings of the National Academy of Sciences, varios grupos de adultos angloparlantes debían escuchar secuencias de «palabras» inventadas de tres sílabas. Después, oían parejas de palabras de tres sílabas, en las que una provenía de la secuencia ya escuchada y la otra era una combinación nueva. Los participantes tenían que adivinar cuál de las dos habían oído antes y evaluar el grado de confianza de su respuesta.

En uno de los grupos, ciertos participantes habían realizado previamente la prueba de ago­tamiento mental. En otro, algunos habían recibido pulsos magnéticos para alterar la actividad del área cerebral que, según trabajos anteriores, está ligada al control ejecutivo. En ambos casos, las intervenciones mejoraron el porcentaje de acierto en el ejercicio de las sílabas cuando los participantes no estaban seguros de la respuesta, lo cual denota una retentiva inconsciente del discurso. (Por el contrario, las respuestas dadas con certeza estarían asociadas a un recuerdo consciente.)

Michael Ullman, neurocientífico de la Universidad de Georgetown que no colaboró en ninguno de los dos artículos, ve con buenos ojos que los estudios evaluaran el control cognitivo de manera distinta y midieran habilidades diferentes. «Es una buena manera de proceder, porque se obtienen pruebas convergentes», valora. Y añade que le gustaría que se aplicara ese enfoque al estudio de otras habilidades lingüísticas superiores, como la gramática.

Eleonore Smalle, psicóloga de la Universidad de Gante y primera autora de ambos artículos, nos brinda un consejo basado en los resultados obtenidos por su equipo. Al comenzar a aprender un nuevo idioma, dice, debemos sumergirnos en sus sonidos, incluso —o sobre todo— cuando estamos distraídos. «Tomarnos una buena copa de vino mientras escuchamos un podcast en italiano», sugiere entre risas. «¿Por qué no? Podría ayudar.»

Puedes obtener el artículo en...

También te puede interesar

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.