Emojis táctiles

Una nueva técnica permite transmitir emociones simulando el contacto físico.

[THOMAS FUCHS]

El distanciamiento durante la pandemia de COVID-19 hizo que los lazos físicos y sociales resultaran un poco más difíciles de mantener. Para Millie Salvato, estudiante de posgrado en la Universidad Stanford, estar separada de su novia, que vivía en la otra costa del país, supuso todo un desafío.

En ocasiones, un mensaje de texto o una videollamada se antoja insuficiente, y muchas personas en la situación de Salvato desearían disponer de un medio que les permitiera enviar una caricia o un abrazo reconfortante desde la distancia. En un estudio reciente publicado en IEEE Transactions on Haptics, Salvato y sus colaboradores presentan un dispositivo en forma de manga que, puesto en el brazo, es capaz de simular el contacto humano y transmitir mensajes sociales abstractos por vía electrónica.

«Se trata de un trabajo excepcional, que ana­liza cómo se manifiesta el contacto social y cómo reproducirlo», valora Gregory Gerling, experto en háptica de la Universidad de Virginia que no participó en el estudio.

Salvato y su equipo evaluaron la forma en que 37 participantes trasladaban información social en diferentes contextos. En cada experimento, una persona llevaba puesto un sensor de presión en el brazo y otra lo tocaba en respuesta a situaciones concebidas para despertar seis reacciones emocionales distintas: búsqueda de atención, gratitud, felicidad, calma, amor y tristeza.

Tras registrar 661 gestos táctiles (como apretones, caricias, sacudidas o golpes con el dedo), Salvato y sus colaboradores identificaron en qué lugares y con qué presión se ejercía cada uno de ellos. A continuación, emplearon un algoritmo de aprendizaje automático para seleccionar los gestos que aparecían de manera más habitual con cada respuesta. Por último, programaron un dispositivo ponible con forma de manga que simula esos gestos, gracias a ocho discos incorporados que vibran al recibir una señal electrónica.

«No parece que te esté tocando una mano real», aclara Salvato, «pero tampoco notas un conjunto de movimientos sueltos e inconexos», como cabría esperar de unos discos móviles. «Es una sensación agradable, la verdad.»

Aun sin entrenamiento, un grupo formado por otros 30 participantes logró asociar los gestos simulados con las seis situaciones correspondientes en el 45 por ciento de los casos, 2,7 veces más que si hubieran respondido al azar. A modo de comparación, un estudio previo realizado en el laboratorio de Gerling concluyó que el porcentaje de acierto a partir del contacto de una mano real era de un 57 por ciento.

«Me parece interesante que los participantes puedan entender con una fiabilidad bastante alta el mensaje que se les ha transmitido, teniendo en cuenta la escasa información de la que disponen», comenta Gerling.

Anteriores investigaciones han puesto de manifiesto que el contacto social es importante para la salud física y mental. En el futuro, en vez de limitarnos a enviar un emoji a través del teléfono o el ordenador, tal vez podamos añadir un «emoji háptico» para sentirnos un poco más cerca de nuestros seres queridos.

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