Una biosfera en un bote

Construir en el laboratorio un ecosistema cerrado y autónomo es una actividad altamente pedagógica.

[MARC BOADA FERRER]

En síntesis

EL EXPERIMENTO: Reproduciremos, en el interior de grandes botes de cristal, pequeños ecosistemas autónomos.

MATERIALES: Botes de cristal grandes; carbón granulado; sepiolita; tierra de bosque; plantas de interior.

PRECIO APROXIMADO: Unas decenas de euros.

TIEMPO: Fase de construcción: unas horas / Fase de observacion: meses o años

DIFICULTAD: Baja

El estudio científico de los seres vivos en su amplia diversidad, o incluso su simple contemplación, pueden resultar de lo más placentero y estimulante. Quizá por ello son muchas las escuelas que adornan sus aulas con peceras, terrarios o, cuando menos, plantas en macetas.

Lamentablemente —entiéndase esto como una simple broma—, ello comporta mucho trabajo. A diferencia de los sistemas físicos, que podemos dejarlos en un determinado lugar del laboratorio y cuando regresamos a la mañana siguiente todo sigue igual, en los sistemas vivos el cambio es permanente e inexorable, y esto —insisto— conlleva mucho esfuerzo, aplicación y compromiso por parte del experimentador.

Por ejemplo, si construimos y mantenemos un acuario, debemos filtrar continuamente el medio líquido, eliminar algas de los cristales, controlar el pH, aportar nutrientes, eliminar especies invasoras, controlar brotes epidémicos y reemplazar los ejemplares perdidos. Y lo mismo podría decirse de un terrario o de un cultivo vegetal de cualquier tipo. Todo investigador sabe que, si deja de cuidar todos estos aspectos, se enfrenta a una auténtica catástrofe —¡cuántas veces hemos vuelto de vacaciones y aquello que estaba vivo ha perecido!—. Naturalmente, ante tamaño problema, muchos han buscado soluciones parciales pero muy interesantes tanto desde el punto de vista científico como pedagógico.

Detengámonos a reflexionar unos instantes. Si consiguiéramos poner a disposición permanente de nuestras mascotas todo aquello que necesitaran para medrar correctamente, podríamos olvidarnos de ellas sabiendo que conseguirían subsistir y desarrollar sus ciclos biológicos para solaz y regocijo del observador científico. Es una perogrullada, pero «alguien» ya lo ha conseguido: la naturaleza, que, en su azarosa evolución, ha «creado» una biosfera casi cerrada, la Tierra, que cumple con todos los parámetros que antes enumerábamos. Fijémonos bien en la «piel» de nuestro pequeño planeta. Una increíblemente compleja red de seres vivos que procesan un sustrato químico igualmente rico, animada solo, o casi, por la entrada continua de radiación solar. Pues bien, ese es nuestro objetivo en esta ocasión. Nos proponemos la emulación, o la reproducción a escala ínfima, de un ecosistema completo que pueda subsistir por su cuenta tanto tiempo como sea posible sin intervención alguna.

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