Una ley insuficiente para la ciencia española

La reciente propuesta de ley no aborda los urgentes cambios que necesita el sistema científico y tecnológico de nuestro país.

La ciencia española sufre desde hace tiempo profundas carencias. Sin un marco legal que le garantice recursos, herramientas y estrategias no saldrá del atolladero. [NUTHAWUT SOMSUK/ISTOCK]

El pasado febrero, el Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto de Ley de la Ciencia, que modifica la norma vigente, de 2011. A nuestro entender, la reforma adolece de serios problemas de fundamento y objetivos. Ni en la exposición de motivos ni en el articulado se percibe que sea la ley que este país necesita para impulsar el avance científico e innovador que contribuya a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. El Gobierno insiste en que para su elaboración ha consultado a expertos de distintos foros, academias (como la Confederación de Sociedades Científicas de España, o COSCE), universidades y otros organismos públicos de investigación. Pero tal ejercicio resulta vano, ya que no se trata de aceptar medidas aisladas, sino de entender cuál debe ser el diseño de un buen marco institucional, equiparable a escala internacional, que fomente la ciencia y la innovación. Deben tomarse las medidas necesarias para hacerlo posible, como le llevan pidiendo estos y otros interlocutores desde hace años. La propuesta de ley no lo hace.

El anteproyecto se basa en un diagnóstico incompleto de la grave situación que arrastra el Sistema Español de Ciencia, Tecnología e Innovación, en el que solo se detectan carencias en tres cuestiones clave: la carrera y desarrollo profesional del personal investigador; la transferencia del conocimiento a la sociedad; y la gobernanza del sistema y la coordinación y colaboración dentro de él. Se pretende resolverlas mediante una normativa asfixiante, impropia de una ley del siglo XXI. Si bien podría enmendar los problemas coyunturales de la carrera investigadora, no remedia las grandes trabas y dificultades que minan al sistema. 

Pensamos que las carencias en las que se centra el anteproyecto no son las únicas ni las más importantes. En primer lugar, el articulado sobre la carrera investigadora es excesivamente prolijo e inadecuado para una ley; se asemeja a una carrera de obstáculos burocráticos que frenan la creatividad y la curiosidad, actitudes imprescindibles para investigar e innovar.

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