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  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2018Nº 499

Conservación

Aplicación de la genética a la conservación del lince ibérico

Las técnicas genéticas, y desde hace poco las genómicas, están ayudando a diseñar estrategias para mejorar la viabilidad de la especie, que sufre un notable deterioro genético.

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Como consecuencia de las actividades humanas, la Tierra se halla inmersa en una dinámica de alteraciones drásticas que afectan al ambiente y al funcionamiento de sus ecosistemas, un fenómeno que es conocido como cambio global. Un componente importante de ese cambio es la pérdida de biodiversidad a causa de la extinción de especies. Ha aumentado tanto en los últimos decenios que numerosos expertos afirman que nuestro planeta está sufriendo el sexto período de extinción masiva de la historia.

Pero las especies no solo están desapareciendo. Algunas están perdiendo o reduciendo notablemente sus poblaciones, formadas por individuos que comparten un mismo espacio y ciertas características genéticas. Las poblaciones que se contraen experimentan una serie de problemas genéticos, como la pérdida de diversidad genética y la consanguinidad, que pueden hacer precipitar la extinción de la especie en poco tiempo. De ahí que en cualquier programa de conservación de una especie amenazada debería contemplarse y evaluarse su estado genético como parte integral del plan. Los estudios genéticos y genómicos pueden ayudar en esta empresa porque ofrecen herramientas para calibrar los riesgos a los que está sometida la especie y permiten diseñar estrategias de gestión que los minimicen.

El lince ibérico (Lynx pardinus) es uno de los felinos más amenazados del mundo y representa un símbolo de la conservación de la fauna ibérica. Aunque en el pasado se hallaba extendido por la mayor parte de la península, durante el siglo xx sufrió un pronunciado declive, principalmente a causa de la persecución directa, los cambios en el uso del suelo, que redujeron la cantidad de hábitat favorable, y el declive del conejo, su presa principal.

En su momento más crítico, a principios de los 2000, la especie quedó restringida a dos únicas poblaciones situadas en dos pequeñas áreas aisladas entre sí al sur de la península ibérica: Doñana y Sierra Morena. En ese momento, los individuos no sumaban más de cien en total. Esta situación motivó su catalogación como especie en peligro crítico de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Ello dio el impulso definitivo a la adopción de medidas de conservación lideradas por cuatro proyectos Life consecutivos, desarrollados entre 1994 y 2016. Los últimos tres proyectos han sido liderados por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, y el último ha contado con la participación de Portugal y cuatro comunidades autónomas (Extremadura, Castilla-La Mancha, Región de Murcia y Andalucía).

Gracias a estas actuaciones, que inicialmente se centraron en reducir la mortalidad no natural del lince y aumentar la disponibilidad de conejo, se evitó primero la extinción de las dos poblaciones remanentes y después se consiguió invertir las tendencias demográficas negativas. Más recientemente, se iniciaron reintroducciones de individuos en algunas de las zonas ocupadas en el pasado por la especie. Todo ello llevó a que la UICN reclasificara el lince en una categoría de menor amenaza en 2015, en concreto, en la de especie «en peligro». No obstante, pese a estos resultados esperanzadores, su viabilidad a medio y largo plazo sigue dependiendo en gran medida de una gestión activa y de un seguimiento continuado de sus poblaciones.

En este contexto, nuestro grupo de investigación vio en el lince ibérico un buen modelo en el que estudiar cómo el declive de la especie se refleja en sus características genéticas actuales y hasta qué punto estas pueden llevarla a la extinción. Además, nos hemos esforzado en aportar herramientas científicas que mejoren la evaluación y la gestión de la especie, con el fin de minimizar los riesgos genéticos que pueda sufrir en el futuro.

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