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  • Abril 2018Nº 499

Informe especial Diabetes

Medicina

Cirugía de acortamiento intestinal para la diabetes de tipo 2

La cirugía bariátrica logra acabar con la enfermedad. El éxito de esta técnica quirúrgica señala al propio intestino, y no solo a la insulina, como responsable del trastorno.

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Cuando comencé mi residencia en cirugía, hace un par de décadas, estaba ansioso por tratar tumores, cálculos biliares, hernias y cualquier otra afección que pudiera beneficiarse del bisturí. La cirugía me parecía una solución directa a ciertos problemas graves.

No era así en el caso de la diabetes de tipo 2. Las operaciones quirúrgicas se centran sobre una parte concreta del cuerpo. En cambio, los médicos saben que en la diabetes impera una afectación multiorgánica causada por el fallo generalizado en el uso de la insulina, la hormona que regula los niveles de glucosa en sangre. Saltaba a la vista que no se le podía meter mano ni eliminar de raíz con el bisturí.

Fue entonces, cuando en una tarde veraniega de 1999, mi visión de la diabetes cambió por entero, y mi carrera con ella. Acababa de trasladarme de Italia a Nueva York para emprender un período de formación en cirugía mínimamente invasiva en lo que hoy es la Escuela de Medicina Icahn, en Monte Sinaí.

Me hallaba en la biblioteca de la institución repasando ciertos aspectos técnicos de una operación llamada derivación biliopancreática cuando me topé con algo extraño. Esta intervención se practica a personas con obesidad grave. Les hace adelgazar porque acorta el camino que recorren los alimentos por el intestino y elimina algunos tramos donde se absorben los nutrientes. Muchos de esos pacientes presentaban diabetes de tipo 2 asociada a la obesidad.

Lo que atrajo mi atención es que, al cabo de solo un mes de la operación, sus niveles sanguíneos de glucosa se habían normalizado por completo. Aún no habían perdido mucho peso, comían sin restricciones calóricas o de azúcar y no estaban tomando ningún medicamento contra la diabetes. Y pese a ello, muchos dejaron de manifestar signos de la enfermedad durante años.

Estaba perplejo. ¿Cómo podía una intervención quirúrgica normalizar los niveles de azúcar en una enfermedad que todos los manuales médicos describen como crónica, progresiva y, en última instancia, irreversible? La diabetes se puede controlar, pero se supone que no desaparece nunca.

Me devané los sesos en busca de una explicación y recordé que en el intestino delgado se producen hormonas que estimulan la secreción de la insulina por parte del páncreas. ¿Podría influir el cambio anatómico derivado de la operación en esas hormonas, hasta el punto de normalizar el metabolismo de la glucosa? ¿O quizá otros mecanismos ocultos en el intestino contribuían a la enfermedad y eran corregidos por la cirugía? De ser así, esta podría curar la diabetes, y si entendiésemos cómo lo logra, tal vez llegaríamos a esclarecer la etiología tan esquiva de la enfermedad.

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