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  • Abril 2018Nº 499
Historia de la ciencia

Historia de la ciencia

El catálogo que creó la cienciometría y transformó la ciencia

Las primeras técnicas para evaluar la productividad de los investigadores cambiaron la manera de hacer ciencia y su relación con la sociedad.

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En 1830, Charles Babbage, pionero de la computación y agitador científico, tuvo una idea inusual. Exasperado por la falta de reconocimiento que sufría la ciencia en Inglaterra, propuso cuantificar la autoría para identificar la excelencia. Como otras ideas radicales de Babbage, esta tampoco consiguió persuadir a casi nadie, pero con el tiempo se revelaría profética. Antes de que acabara el siglo, entre científicos y observadores se habían popularizado los listados de artículos y el recuento de publicaciones. Y, en cuestión de décadas, los académicos acabarían trabajando al dictado de la máxima «publicar o perecer».

Tales cambios pueden ayudarnos a entender los debates actuales sobre el valor de los algoritmos que miden la credibilidad y la relevancia científicas. La historia muestra que, lejos de ser herramientas neutras que simplemente facilitan localizar y evaluar las investigaciones, las técnicas de búsqueda y medición transforman lo que miden. Los cambios en las formas de reconocimiento afectan al comportamiento de los científicos, tanto en lo que atañe a la comunicación de los resultados como a la elección de temas de investigación.

Hay otro cambio más sutil pero no menos importante. Los procesos por los que juzgamos el mérito científico están desde hace tiempo vinculados a la percepción pública de la autoridad científica. Así pues, cuando esos procesos cambian, debemos considerar su impacto en el significado cultural que, en un sentido amplio, se asigna al saber científico.

Hechos dispersos

La propuesta de Babbage de contabilizar los artículos publicados por cada científico fue recibida con escepticismo. Un autor que hizo el cálculo para cada uno de los miembros de la Real Sociedad de Londres consideró que era una forma pésima de identificar la eminencia científica. Otro apuntó que el valor de los artículos sería un criterio mucho más satisfactorio

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