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En torno a la Luna

La NASA está desarrollando un singular plan para poner en órbita una estación espacial alrededor de la Luna.

NASA

El siguiente capítulo en la exploración del espacio está empezando a cobrar forma: la NASA ha propuesto una estación espacial que, si el Congreso de EE.UU. lo aprueba, comenzaría a orbitar alrededor de la Luna dentro de una década. Uno de sus principales objetivos consistiría en desarrollar la infraestructura y adquirir la experiencia necesaria para, algún día, enviar humanos a Marte.

El proyecto Puerta al Espacio Profundo (Deep Space Gateway, DSG) se perfila como una colaboración entre EE.UU., Rusia y otros socios. La estación se situaría en una órbita lunar a unos 390.000 kilómetros de la Tierra, mil veces más lejos que la Estación Espacial Internacional (ISS) y más allá de la protección que ofrece el campo magnético terrestre, lo que permitiría medir los efectos de la radiación del espacio profundo sobre instrumentos y seres humanos. La DSG podría servir también como punto intermedio para expediciones a la superficie del satélite. Los planes para los módulos de alunizaje (ya fuesen para astronautas, robots o ambos) aún se están estudiando. Según fuentes de la NASA, los pasajeros y los materiales de construcción podrían llevarse hasta la órbita lunar en cuatro cohetes Orion que se lanzarían a partir de 2019.

Pero la propuesta tiene también sus detractores. Tras el desastre del transbordador espacial Columbia, en 2003, la NASA se comprometió a mandar astronautas y carga por separado, algo que el plan de la DSG parece violar. Algunos expertos advierten de que las operaciones lunares son caras y que, más que constituir un paso hacia Marte, podrían convertirse en una distracción. Otros cuestionan si las estancias de un mes que planea la NASA en la nueva estación aportarán información suficiente acerca de cómo responde el cuerpo humano al espacio profundo, dado que un viaje a Marte requeriría al menos seis meses. Y un ingeniero lunar ha expresado su preocupación por las impredecibles tormentas solares, las cuales podrían someter a los astronautas a peligrosos niveles de radiación a menos que se instalase un escudo protector, como una gruesa capa de agua, la cual debería incorporarse al diseño de la estación espacial.

A pesar de estas reservas, numerosos expertos coinciden en que la Luna podría ser un campo de pruebas clave no solo para astronautas, sino también para todas las operaciones terrestres y el equipamiento necesarios para efectuar vuelos tripulados. «En mi opinión, está claro que la exploración lunar ha de ir primero», asegura David Kring, investigador del Instituto Lunar y Planetario de Houston con una amplia trayectoria en la planificación de misiones lunares. El ser humano no ha puesto el pie en la Luna desde los años setenta. La generación actual de ingenieros ha de aprender a trabajar sobre una superficie extraterrestre, señala Kring, «y el mejor lugar para hacerlo se encuentra a tres días de viaje».

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