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1 de Abril de 2018
Medicina

Una vacuna contra la diabetes de tipo 1

El ambiente higiénico que predomina en los países industrializados ha disparado la incidencia de la diabetes de tipo 1. Este cambio muestra el camino para descubrir una vacuna novedosa.

MATT HARRISON CLOUGH

En síntesis

A diferencia de la diabetes de tipo 2, la de tipo 1 no está ligada a la alimentación, sino a razones genéticas y ambientales.

La mejora de la higiene en los países avanzados ha propiciado aumentos históricos de la incidencia de enfermedades como la poliomielitis y la diabetes de tipo 1.

Ciertos virus presentes en las aguas residuales sin depurar precipitan la diabetes de tipo 1 o protegen contra ella, según la edad en que tenga lugar la infección.

Las vacunas elaboradas con tales virus podrían proteger contra la diabetes de tipo 1 a las personas genéticamente predispuestas.

Hace casi treinta años, un epidemiólogo británico, David P. Strachan, propuso una idea sencilla, que no lógica, para explicar por qué la fiebre del heno, el eccema y el asma eran más habituales que en el siglo anterior. Strachan vinculó la mayor frecuencia de esas afecciones alérgicas en el Reino Unido con la mejora de las condiciones de vida acaecida desde la revolución industrial, en particular, con el acusado descenso de las infecciones en la primera infancia. Sospechó que la exposición a las bacterias y los virus en los primeros años de vida protege de algún modo contra la aparición ulterior de esas afecciones.

Aunque su premonición, hoy conocida como la hipótesis higiénica, concernía a los trastornos alérgicos, desde entonces se ha recurrido a este principio básico —la exposición, o la ausencia de ella, a los factores ambientales— para explicar el aumento histórico de otras afecciones, como la poliomielitis, la esclerosis múltiple y la diabetes de tipo 1. Multitud de estudios epidemiológicos han revelado ciertos patrones en el aumento de las enfermedades a medida que la industrialización se extendía desde Europa a Norteamérica y más allá. Allí donde la tasa (y la mortalidad) de las infecciones infantiles disminuye, aumenta —si bien no de forma uniforme ni repentina— la incidencia de enfermedades antaño muy poco frecuentes.

Las grandes epidemias de poliomielitis surgen a finales del siglo XIX. La incidencia de la esclerosis múltiple, en la que el sistema inmunitario ataca la cubierta protectora que rodea a ciertas células nerviosas, se duplicó en algunas partes del mundo durante la segunda mitad del siglo XX. La diabetes de tipo1, que se desencadena cuando el organismo destruye por error las células del páncreas que sintetizan la insulina (la hormona que permite asimilar la glucosa para generar energía), aumentó de forma paulatina durante la primera mitad del siglo XX y de forma espectacular en la década de los cincuenta.

No se sabe a ciencia cierta cómo la exposición temprana a diversos virus o bacterias protegería contra la aparición de una serie de enfermedades sin vínculo aparente entre ellas. Las infecciones permiten, de algún modo, que el organismo en desarrollo aprenda a combatir los patógenos y, por otro lado, la ausencia de exposición a estos microbios puede hacer que el organismo se agreda a sí mismo. La implicación de un grupo de patógenos llamados enterovirus en la emergencia de la poliomielitis y la diabetes de tipo 1 ha quedado demostrada en un buen número de estudios.

A diferencia de la diabetes de tipo 2 —mucho más frecuente—, que se asocia a menudo con la obesidad en la edad adulta, la diabetes de tipo 1 suele afectar a individuos menores de 20 años. Nuestros experimentos con ratones que la adquieren de forma espontánea han revelado un complejo mecanismo por el cual las mismas cepas de enterovirus previenen o provocan la enfermedad, en función de la edad del roedor cuando es infectado. De confirmarse estos resultados en el ser humano, una vacuna basada en este grupo de virus fecales podría evitar la diabetes de tipo 1 en muchas personas.

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