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1 de Julio de 2006
Astronomía

Los grandes telescopios del futuro

La versión astronómica de la ley de Moore establece que los telescopios doblan su tamaño cada pocas décadas. Pero los ingenieros creen que podrán construir un telescopio tres, cinco e incluso diez veces mayor de aquí a diez años.

Vivo algunos de mis mejores momentos en el Observatorio de Paranal cuando, por la noche, tras un día de trabajo, subo a "la cubierta"; así llamamos a la plataforma donde se asientan los cuatro telescopios de 8 metros de diámetro que, combinados, constituyen el Gran Telescopio (Very Large Telescope, VLT). Una sensación mágica me embarga: la vastedad del cielo estrellado, los suaves movimientos de las cúpulas, el placer de fumar una pipa, el oscuro desierto de Atacama apenas visible contra el débil resplandor del horizonte. Mientras contemplo el VLT, el conjunto de telescopios más avanzado del mundo, y sus 430 toneladas de maquinaria rotan silenciosamente al unísono con los cielos, pienso en lo afortunado que soy de formar parte de un proyecto tan asombroso. Es un logro de toda la humanidad. Al igual que los otros grandes telescopios de nuestro tiempo, el Observatorio Keck, el telescopio espacial Hubble o la "Gran Red", el VLT incorpora la técnica más depurada que nuestra civilización ofrece hoy por hoy. Si se desglosara la génesis de cada uno de sus componentes, encontraríamos que, en última instancia, fueron millones de personas quienes lo hicieron realidad.

Pero los astrónomos no descansamos nunca. Apenas hubo terminado la construcción del VLT, ya estábamos muchos pensando en sus sucesores, en telescopios con espejos principales de 25,30 e incluso 100 metros de diámetro. Me he comprometido de lleno en uno de esos proyectos. Su nombre, OWL, alude a los búhos —owl en inglés—, por su magnífica visión nocturna, y a la vez es acrónimo de overwhelmingly large, "de tamaño abrumador". Su espejo de 100 metros ocuparía casi toda la plataforma de Paranal.

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