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La enseñanza como disciplina académica

Fundamentos, modelos y pruebas empíricas para abordar la formación del profesorado universitario.

DOCENTES UNIVERSITARIOS
UNA FORMACIÓN CENTRADA EN LA PRÁCTICA
Dirigido por Nicolás de Alba Fernández y Rafael Porlán
Morata, 2020
336 págs.

Siempre es una buena noticia la publicación de un libro. Pero más aún cuando, como en este caso, la obra trata una cuestión de actualidad y lo hace aunando el rigor académico con la polifonía de voces y la pluralidad de experiencias. Estos rasgos justifican por sí solos el interés de este libro coral, cuya lectura resultará útil para todas aquellas personas interesadas en uno de los puntos clave para la mejora de la calidad de la enseñanza universitaria: la formación pedagógica de su profesorado.

Pocos profesores universitarios se mostrarán en desacuerdo con el punto de partida del libro: su práctica docente no se despliega en correspondencia con las numerosas pruebas empíricas que nos ofrece la investigación sobre la superioridad de los enfoques pedagógicos centrados en el estudiante y su actividad, comparados con aquellos determinados por el contenido de los programas y que adoptan modalidades didácticas transmisivas y unidireccionales. La tradicional preponderancia de la investigación en el trabajo del profesorado universitario, así como la legitimación de su sistema de recompensas como la única vía para el progreso en la carrera académica, ha condenado a la función docente a un papel secundario, cuando no marginal. Docentes universitarios constituye un valioso antídoto contra esa estrecha concepción de la profesión y ofrece algunas ideas y resultados que pueden contribuir a mejorar los procesos de formación pedagógica de los que tan necesitada está la universidad.

Una de las mejoras más relevantes pasa por que la formación pedagógica del profesorado tenga como origen y destino su propia manera de comprender y desplegar el trabajo docente. Pero, dado que esta afirmación soporta más de una interpretación, es legítima y deseable una cierta pluralidad en las iniciativas que tratan de desarrollarla. Articulados en dos partes, los nueve capítulos de la obra ofrecen una panorámica muy actual sobre los procesos de enseñanza centrados en el aprendizaje y sobre la problemática de la formación pedagógica de los docentes. De esta última se analizan algunos de sus referentes teóricos con el fin de elucidar sus claves teóricas y prácticas, y ayudar así a comprender el sentido conceptual y el alcance metodológico de la modalidad de formación, cuyos resultados se muestran en los últimos capítulos.

El libro se inicia con un interesante capítulo en el que dos profesores, conocidos por su capacidad de innovación docente, nos muestran pruebas de la robustez y la eficiencia didáctica de las pedagogías centradas en la persona que aprende. El capítulo encierra una pequeña paradoja. Por un lado, la obra muestra de manera convincente la necesidad de extender y sistematizar los programas de formación pedagógica del profesorado. Sin embargo, no parece que los dos magníficos ejemplos de buenas prácticas docentes que se nos presentan al principio se hayan desarrollado como consecuencia de la participación de sus protagonistas en un dispositivo formal e instruccional de formación docente.

La solución de esta aparente paradoja puede encontrarse, en parte, en el tercer capítulo, donde se sistematiza la noción de scholarship of teaching and learning, o «estudio sistemático de la enseñanza y el aprendizaje» propuesta en 1990 por Ernest Boyer, a la sazón presidente de la influyente Fundación Carnegie. Este concepto, que busca redignificar el papel de la enseñanza en el trabajo académico, viene a señalar que los profesores deberían tratar su docencia con los mismos cánones intelectuales que aplican a su investigación disciplinar: sistematizarla conceptualmente, documentarla empíricamente y hacerla pública para que sea considerada por la comunidad de pares académicos. Más aún, el problema de la enseñanza y el aprendizaje de una disciplina debe plantearse desde la propia investigación disciplinar. No en vano, la misma noción de disciplina ya incorpora en su seno la pregunta por el origen, la producción y la difusión del saber que la constituye.

Es cierto, como se señala en la obra, que adoptar dicho enfoque no equivale a una buena enseñanza. Pero no lo es menos que las buenas prácticas que se nos muestran lo son, en parte, porque están basadas en una cierta sistematización que estos profesores hacen de la docencia universitaria, así como en la generación de pruebas empíricas relativas al proceso y resultados de sus prácticas docentes, y en la difusión de su trabajo —en este libro— para que sea considerado por pares externos. Es de agradecer, también, la llamada a tratar con el merecido rigor este poliédrico concepto, no sea que vaya a sufrir la desnaturalización que ya experimentó la noción de «práctica reflexiva» o el abuso descontextualizador al que ha sido sometido el concepto de «comunidad de práctica».

Que la investigación en la acción (I-A) esté presente en el núcleo de muchos de los programas internacionales más avanzados en la formación del profesorado no es ninguna sorpresa. Más novedosa es su reciente vinculación a un sistema de trabajo con el que comparte algunas similitudes procedimentales, pero del que la separan sus referentes culturales, teóricos y epistemológicos: el llamado lesson study, o «estudio de lecciones», el cual se recoge en el capítulo segundo. Este método consiste en un proceso cíclico en el que un grupo de profesores se junta para diseñar una sesión de clase, impartirla, observarla y reflexionar sobre ella en busca de futuras mejoras. Una serie de interesantes ejemplos de universidades norteamericanas y europeas muestran la pujanza de este planteamiento colegiado de análisis y mejora de la práctica docente, que ya está siendo aplicado en algunos programas de formación del profesorado en universidades de nuestro contexto.

La obra ofrece una interesante sistematización conceptual de la investigación sobre programas de formación del profesorado, en la que aparece ya el Programa de Formación e Innovación Docente del Profesorado (FIDOP) de la Universidad de Sevilla, que será uno de los hilos conductores del libro. Son de destacar algunos resultados que enfatizan la necesidad del trabajo docente colegiado, de un enfoque formativo experiencial, o de una formación que combine la innovación y el cambio docente con la documentación de esos procesos. La parte nuclear de la obra presenta de hecho el FIDOP basándose en los Ciclos de Mejora en el Aula (CIMA), la investigación que se desarrolló para conocer los efectos del programa en términos de progresión docente y los resultados de esta. También se presenta la estructura del CIMA como componente principal del Curso General de Docencia Universitaria (CGDU). Es de agradecer el detalle con el que se describen ambos, ya que para muchos desarrolladores de programas de formación del profesorado puede constituir un banco de ideas y sugerencias de mejora.

Docentes universitarios explica el proceso de investigación desarrollado para poner a prueba los efectos del FIDOP así como sus prometedores e interesantes resultados. Los autores proponen cuatro modelos de práctica docente, de menos a más deseable: transmisivo, transmisivo abierto a los estudiantes, de resolución de problemas cerrados, y constructivista; dos provenientes de la bibliografía y dos de los resultados de la investigación. Estos modelos permiten clasificar todo tipo de enfoques y prácticas existentes en la docencia universitaria, y se utilizan para explicar los procesos de cambio y evolución en las concepciones y prácticas de los docentes que participan en el FIDOP. Cada uno de esos modelos, a su vez, está compuesto por cuatro elementos: contenidos, metodología, evaluación y concepción epistemológica de la disciplina.

En esa clasificación que pretende ser exhaustiva, y aun aceptando la necesidad de cierta organización y modelización del saber disponible, podría colarse de soslayo el riesgo de una cierta estereotipación. No es fácil imaginar, de entrada, que una práctica tan dinámica y compleja como la docente pueda ser subsumida por completo en uno u otro modelo, ni tampoco que estos sean mutuamente excluyentes. ¿Los cuatro elementos cambian al unísono cuando se transita de un modelo a otro? ¿Es posible que la práctica docente de un determinado profesor pueda presentar rasgos pertenecientes a más de un modelo? Pensemos por ejemplo en un profesor de física que, manteniendo epistemologías disciplinares relativistas pertenecientes al cuarto modelo (por la mañana en clase explica las leyes del paradigma newtoniano, mientras que por la tarde en el laboratorio trabaja con el paradigma cuántico), imparte sus clases de manera magistral, de acuerdo con el primer modelo.

El libro concluye con la exposición de dos estudios que ilustran los procesos de transformación y cambio que, como consecuencia de su paso por el programa, experimentaron las concepciones docentes de dos profesoras. No querría acabar esta reseña sin manifestar mi sentimiento de complicidad con muchas de las ideas que se exponen a lo largo de la obra. El resultado es un volumen de gran interés y con potencial de convertirse en motor de debate y reflexión para todos aquellos académicos interesados en la búsqueda de mejores prácticas en la formación del profesorado universitario. Por esta única razón valdría ya la pena darle la bienvenida.

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