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Un insecto conservado en un ópalo

Un fósil excepcional da pistas sobre dónde buscar las primeras formas de vida.

DE «ARTHROPOD ENTOMBMENT IN WEATHERING-FORMED OPAL: NEW HORIZONS FOR RECORDING LIFE IN ROCKS», BORIS CHAUVIRÉ ET AL., EN SCIENTIFIC REPORTS, VOL. 10, ARTÍCULO N.o 10575, 2020.

Un insecto atrapado en una gema preciosa puede ofrecer nuevas indicaciones en la búsqueda de vida arcaica en la Tierra y Marte. El espécimen de ópalo, extraído de una roca hallada en Indonesia y apodado «Beverly», contiene el exoesqueleto de una diminuta ninfa de cigarra. El pasado junio, los descubridores explicaron su proceso de formación en Scientific Reports.

No es el primer fósil opalificado descubierto en las rocas silíceas que se forman cerca de los géiseres, explica Boris Chauviré, geólogo en la Universidad de los Alpes en Grenoble. El agua caliente disuelve la roca, y cuando el líquido rico en silicatos se enfría, se endurece y crea la gema reluciente. En ocasiones rellena los espacios dejados por organismos en descomposición o el cuerpo de animales diminutos que han quedado atrapados. Lo singular es que este fósil procede del suelo formado por la erosión de rocas volcánicas, y es el primer animal descubierto en ópalo formado de ese modo. Ahora que sabemos que esto es posible, dice Chauviré, el fenómeno señala nuevos lugares donde buscar antiguos vestigios de vida.

De hecho, este tipo de opalificación es más común que el proceso hidrotermal, pero dada su lentitud se consideraba menos probable que pudiese conservar restos biológicos. Sin embargo, el equipo ha descubierto que el exoesqueleto está recubierto por una capa de zeolita, un mineral silíceo; el análisis indica que esta sustancia cristalizó sobre la cutícula mientras el insecto permanecía enterrado en el suelo y se hallaba expuesto al agua con silicatos, lo que conservó su estructura antes de que el líquido circundante acabara formando el ópalo.

«Es la primera vez que veo este tipo de conservación», afirma Frances Westall, geóloga y astrobióloga del CNRS en Orléans, que opina en calidad de observadora externa. Afirma que la viabilidad del proceso —en cierto modo, análogo a la conservación de los insectos en el ámbar, resina fósil— abre nuevas posibilidades al descubrimiento de indicios de vida primitiva. «La Tierra primitiva era un ambiente volcánico como el de Indonesia. Y Marte también lo era», aclara.

«Ahora sabemos que cualquier tipo de roca silícea podría albergar fósiles o biomoléculas de ese tipo», afirma Chauviré. Los fósiles opalinos que se formaron en los entornos volcánicos propios de la Tierra o de Marte hace cientos de millones de años podrían contener animalitos subterráneos primitivos que en condiciones normales no se conservarían ni en las rocas sedimentarias ni en el ámbar. «El futuro Parque Jurásico podría residir en el ópalo», añade.

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