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El trirreme navega de nuevo

Tras muchos años de paciente labor ha finalizado la reconstrucción de la mítica nave de guerra griega. Las pruebas de mar han permitido demostrar que el trirreme pudo desarrollar el andar que le atribuyen los textos contemporáneos.

En junio de 1987, cerca del antiguo puerto ateniense de El Pireo, tuvo lugar la botadura de la reconstrucción de una nave de guerra griega del tipo conocido por trirreme, el primero puesto a flote desde que desapareció, hace casi dos mil años. Un mes después, impulsado por 170 remeros de diferente nacionalidad, formación y destreza en el manejo del remo, el Olympias desarrolló un andar máximo de siete nudos, o sea, 13 kilómetros por hora. Navegando a toda velocidad, el radio de giro de la nave fue de 1,25 esloras (unos 46 metros), lo que coincide con los relatos antiguos sobre la capacidad de evolución de los trirremes. De todas las navegaciones, la más conocida es, seguro, el viaje de Atenas a Mytilene, sin escala ni detención alguna, citado por Tucídides, que tuvo lugar el año 427 a. de C. El recorrido fue de 340 kilómetros, unas 184 millas, y se cubrió en poco más de 24 horas, lo que representa una velocidad media de 7,5 nudos.

El trirreme de la antigüedad era muy maniobrero y llevaba un espolón de bronce con el que perforaba el casco de las naves enemigas durante el combate. En el 480 a. de C., los trirremes proporcionaron la victoria a los helenos del continente en la batalla de Salamina, frente a la flota persa, númericamente muy superior. La batalla fue una de las más decisivas de la historia del mundo occidental, porque, de haber sido derrotados, los griegos habrían caído bajo el dominio persa, impidiéndose así el desarrollo de ninguna de las grandes manifestaciones culturales de Grecia, de Atenas en particular, que tuvieron lugar posteriormente. Durante un siglo y medio el trirreme desempeñó un destacado papel en la defensa y protección militar de las naves mercantes en las aguas del Mediterráneo infectadas de piratas, favoreciendo las condiciones que permitieron a Atenas desarrollar el arte, la literatura y la filosofía que constituyen el legado griego al mundo occidental. Por todo esto, los escasos datos existentes en torno a una nave tan significativa han sido motivo permanente de preocupación por los eruditos. Por desgracia no se han encontrado restos del naufragio de ningún trirreme y las referencias literarias y artísticas que han llegado a nosotros son muy fragmentarias.

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