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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Julio 1988Nº 142

Ingeniería química

Aerogeles

Estos extraños sólidos, muy ligeros y porosos, están constituidos por más aire que gel. La ciencia ha empezado a estudiar las sorprendentes propiedades que su estructura les proporciona.

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Cuando una medusa se extrae del mar y se deja secar al sol, el tejido restante es muy escaso. Igual que las medusas, la mayoría de las sustancias gelatinosas se contraen hasta ocupar un 10 por ciento de su volumen original cuando se secan al aire. A pesar de esa contracción, los geles secados al aire contienen todavía un 50 por ciento de espacio vacío. Los geles tienen tal cantidad de poros que su densidad es la mitad que la de otros sólidos análogos no porosos.

A comienzos de la década de los treinta, S. S. Kistler, de la Universidad de Stanford, descubrió un método para secar geles sin que se produjera una reducción de su volumen. Extrayendo el fluido de un gel húmedo bajo presión y a temperatura elevada, obtuvo unos materiales extraordinariamente ligeros con una porosidad hasta del 98 por ciento. Kistler llamó aerogeles a estos sólidos. Los primeros geles que produjo eran bloques traslúcidos de sílice, el componente principal del vidrio ordinario. Más tarde, Kistler consiguió aerogeles de alúmina, tungsteno, óxidos de hierro y estaño, tartrato de níquel, celulosa, gelatina, clara de huevo y caucho. No encontró ninguna razón para que esta lista no pudiera aumentar indefinidamente.

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