Ingeniería genética contra las plagas de insectos

La inserción de genes en determinados insectos podría cortar la transmisión de ciertas enfermedades infecciosas, proteger las cosechas y producir nuevos materiales.
Un extraterrestre que nos visitara no tardaría en advertir que en la Tierra domina el hombre. Pero si dilatara su horizonte taxonómico, vería en la clase de los insectos el primer grupo de la lista. Se conocen más de un millón de especies de insectos, lo que representa cinco sextos del total de las especies animales. Allí donde humanos e insectos convergen entran en juego intereses económicos muy importantes. Y, lo que entraña mayor interés, la contienda entre humanos y los insectos transmisores de enfermedades resulta, a menudo, una cuestión de vida o muerte.
Muy pocas especies de insectos, en su mayoría las que se alimentan de sangre, siguen difundiendo la malaria, la fiebre amarilla, la tripanosomiasis y el dengue, enfermedades graves. Por no hablar de las que provocan en el ganado. Cada año, entre 300 y 500 millones de personas sufren malaria, que mata entre 1,5 y 2,7 millones de los infectados. Unas 200.000 personas sufren fiebre amarilla cada año; mueren 30.000. Unos 50 millones de personas contraen el dengue cada año; la mortalidad pue­de alcanzar el 15 por ciento de los casos que no han recibido tratamiento. En muchos países en vías de desarrollo, enfermedades que no son fatales pero tienen un efecto debilitador, como la disentería, pueden ser transmitidas por insectos, la mosca doméstica incluida.

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