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1 de Febrero de 1999
Física

La generación de rayos X ultrabrillantes

Una radiación cuyo brillo multiplica mil millones de veces la luminosidad solar pone al descubierto un número notable de fenómenos científicos y técnicos.
No se hablará mucho de ello, pero la construcción de fuentes brillantísimas de rayos X ha sido uno de los grandes éxitos de la ciencia y la técnica recientes. Estas instalaciones, cuyos componentes principales son enormes tubos circulares de cientos de metros de diámetro en los que se ha hecho el vacío, aceleran los electrones casi hasta la velocidad de la luz y emiten pulsos brillantes de radiación que permiten abordar la materia a escala atómica. Gracias a esta luz tan extraordinaria se han hecho descubrimientos preciosos sobre objetos y fenómenos muy dispares, de la estructura de las moléculas a las reac­ciones químicas complejas, pasando por semiconductores avanzados y materiales magnéticos.
Estos logros científicos han sido posibles gracias al avance, no menos espectacular, de la ingeniería. Si tomamos como vara de medir el brillo de dichas fuentes de rayos X, pocas técnicas habrán progresado con celeridad pareja desde principios de los años sesenta. Para ejemplificar el ritmo del progreso de la era de la información suele citarse la creciente velocidad de cálculo de los ordenadores. Pero el aumento del brillo de las fuentes de rayos X a lo largo del mismo período ha sido mucho más rápido.

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