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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2003Nº 319

Astronomía

Magnetoestrellas

Hay estrellas tan magnetizadas, que emiten gigantescas erupciones de energía y alteran la naturaleza cuántica del vacío.

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El 5 de marzo de 1979, dos satélites soviéticos, los Venera 11 y 12, que unos meses antes habían dejado caer unas sondas en la tóxica atmósfera de Venus, describían su órbita elíptica por el sistema solar interior. Hasta entonces había sido una travesía sin complicaciones. Sus lecturas de radiación rondaban las 100 cuentas nominales por segundo. Pero a las 10:51 horas, hora de la costa este norteamericana, recibían un impulso de radiación gamma. En apenas una fracción de milisegundo, el nivel de radiación creció por encima de las 200.000 cuentas por segundo; acabó por salirse de la escala.

Once segundos más tarde, los rayos gamma alcanzaron a la sonda espacial de la NASA Helios 2, que también orbitaba alrededor del Sol. Era evidente que un frente de onda plano de radiación de alta energía estaba barriendo el sistema solar. Enseguida llegó a Venus y saturó el detector de la Sonda Orbital Pioneer. Unos segundos más tarde, los rayos gamma incidían en la Tierra. Inundaron los detectores de tres satélites Vela del Departamento de Defensa de Estados Unidos, del satélite soviético Prognoz 7 y del Observatorio Einstein. Finalmente, en su camino hacia el exterior del sistema solar, la onda sobrepasó el Explorador Internacional Sol-Tierra.

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