Matthew Billington

Aunque la medicina ha avanzado lo suficiente como para tratar cefaleas, distensiones musculares y la agonía de empastarse una muela, el dolor inflamatorio (como el resultante de la artrosis, el cáncer de huesos o las lesiones de espalda) constituye un objetivo mucho más esquivo. Los remedios actuales, incluidos la morfina y otros opiáceos, afectan de forma masiva a todos los nervios del cuerpo, provocando peligrosos efectos secundarios. Tratamientos locales, como las inyecciones de esteroides, pierden efecto con el tiempo. Un nuevo estudio trabaja con la toxina extraída de un raro cactus marroquí, que podría proporcionar un alivio local y permanente del dolor con solo una inyección.

El compuesto, denominado resiniferatoxina (RTX), funciona destruyendo específicamente las neuronas responsables del dolor inflamatorio. Estas neuronas se extienden desde la periferia del cuerpo (incluidos la piel y los órganos internos) hasta la médula espinal, transportando las señales dolorosas a lo largo de sus axones hacia el cerebro. Inyectada directamente en el fluido espinal, la RTX reconoce y mata únicamente las neuronas que producen la proteína TRPV1, la cual transmite la sensación de calor nocivo e inflamación. No perjudica al tejido normal ni a otros nervios nocirreceptores, como los que producen la sensación de pinchazos o pellizcos.

La RTX se ha utilizado en ensayos con perros que sufrían dolor debilitante y los resultados son prometedores. A diferencia de los roedores, los perros experimentan el dolor de una forma similar a las personas. «Y tienen personalidad», afirma Andrew Mannes, de los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. (NIH). «Podemos obtener información sobre su psique que no es posible conseguir en el caso de las ratas.»

Los NIH están ensayando RTX en personas con cáncer avanzado. Aunque Mannes y sus colaboradores no pueden predecir cuándo tendrán datos, el estudio ha despertado el interés de los expertos en dolor. Según David Maine, del Centro Médico Mercy de Baltimore, hay otras formas de eliminar las fibras nocirreceptoras, como el uso del alcohol para destruir los nervios, pero en ocasiones el dolor vuelve y se intensifica. «Cuando se puede determinar con precisión dónde actuará un medicamento y evitar otras consecuencias, se ha encontrado una buena herramienta», afirma Maine.

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