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  • Investigación y Ciencia
  • Octubre 2013Nº 445
Apuntes

Astrofísica

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El último aliento de una estrella

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Dos meteoritos hallados en la Antártida parecen contener granos de sílice (el material del que se componen el cuarzo y la arena) procedente de una supernova que habría estallado antes de que se formase el sistema solar. Algunos investigadores creen que hubo de ser una explosión estelar de esa clase la que, hace miles de millones de años, desencadenó la génesis del sistema solar a partir de una nube de gas y polvo. Pero, al margen de que los meteoritos de la Antártida aporten o no información sobre semejante cataclismo, sí parecen contener el subproducto de una explosión de supernova nunca antes hallado en la Tierra.

El sílice encontrado en los meteoritos se distingue por su exótica mezcla de isótopos, «inexplicable por ninguno de los procesos conocidos que actúan en el sistema solar», según un estudio publicado el pasado mes de mayo en Astrophysical Journal Letters. Solo las reacciones nucleares que alimentan el interior de las estrellas podrían dar cuenta de semejante composición. En general, se cree que algunos de los materiales presolares que acabaron formando parte del sistema solar podrían haberse originado en supernovas cercanas; otros, en cambio, habrían llegado a merced de los vientos estelares de estrellas viejas.

En el nuevo estudio, Pierre Haenecour, de la Universidad de Washington en San Luis, y sus coautores analizaron dos meteoritos hallados en la Antártida en 2003. Los investigadores concluyeron que el sílice (SiO2) que contenían debía ser anterior a la formación del sistema solar debido a su riqueza en oxígeno 18, un isótopo pesado de dicho elemento. Esa composición sugiere que se habrían formado en una supernova de tipo II, una explosión iniciada por el colapso del núcleo de una estrella de gran masa. En el pasado, otros científicos habían encontrado sílice presolar en otros meteoritos, pero con una composición isotópica que indicaba que provenían de estrellas de la rama asintótica gigante, cierta clase de estrellas envejecidas.

Analizar esa clase de compuestos constituye mucho más que un ejercicio de historia interestelar. La formación del Sol y los planetas a partir de una nube de gas y polvo pudo haberse desencadenado gracias a la onda expansiva de una supernova cercana o debido a las emisiones, más suaves, de una estrella de la rama asintótica gigante. Por tanto, el estudio de tales residuos primigenios no solo ayudará a profundizar en los violentos procesos interiores de las estrellas moribundas, sino que tal vez permita entender el evento que dio origen al Sol, la Tierra y los demás planetas.

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