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Las próximas megainundaciones

Enormes corrientes de vapor en la atmósfera, conocidas como ríos atmosféricos, han desencadenado inundaciones extremas cada 200 años. El cambio climático podría incrementar su frecuencia.

Don Foley

En síntesis

Los registros geológicos demuestran que cada 200 años se han producido en California inundaciones extremas, causadas únicamente por lluvias. La última aconteció en 1861 y dejó el estado en bancarrota.

Todo apunta a que aquellos episodios respondieron a la acción de ríos atmosféricos, unas estrechas bandas de vapor de agua situadas a 1,6kilómetros de la superficie oceánica que recorren miles de kilómetros. Esos ríos, en una forma mucho más atenuada, alcanzan con regularidad el estado de California y las costas occidentales de otros países.

Un grupo de científicos que ha realizado la simulación de una megatormenta en la California actual, semejante a la de 1861 pero menos duradera, estima que el episodio podría suponer la evacuación de más de un millón de personas y unas pérdidas económicas de 400.000 millones de dólares.

Los expertos están mejorando la capacidad de predecir la llegada de ríos atmosféricos, lo que permitirá alertar sobre inundaciones causadas por tormentas normales y posibles catástrofes desatadas por una megatormenta.

En la Nochebuena de 1861, unas intensas tormentas procedentes del océano Pacífico comenzaron a azotar el centro de California y persistieron casi sin descanso durante 43 días. Pronto el diluvio transformó los ríos de la vertiente este de Sierra Nevada en furiosos torrentes que arrasaron comunidades enteras y poblaciones mineras. Las aguas de ríos y lluvias convirtieron el vasto Valle Central californiano en un mar interior de unos 500 kilómetros de longitud y 30 kilómetros de anchura. Millares de personas perdieron la vida y una cuarta parte de las 800.000 cabezas de ganado del estado murieron ahogadas. El centro de la ciudad de Sacramento quedó anegado bajo tres metros de aguas marrones cargadas de derrubios procedentes de los innumerables deslizamientos que se habían producido en las pronunciadas laderas de la región. El Gobierno de California, paralizado, se trasladó a San Francisco hasta que Sacramento consiguió secarse, seis meses más tarde. Para entonces, el estado se había declarado en bancarrota.

Si hoy se produjera un evento similar, las consecuencias resultarían mucho más devastadoras. En el Valle Central residen más de seis millones de personas, de las que 1,4 millones viven en Sacramento. La tierra genera allí unos 20.000 millones de dólares al año en cosechas, con un 70 por ciento de la producción mundial de almendras; algunas áreas han experimentado una subsidencia de 9 metros como consecuencia del bombeo indiscriminado de agua subterránea, lo que las hace más vulnerables a las inundaciones. Una investigación reciente que ha simulado por ordenador una tormenta de intensidad análoga y de tan solo 23 días de duración ha concluido que el evento acarrearía unos daños materiales y unas pérdidas agrícolas que alcanzarían los 400.000 millones de dólares. Miles de personas fallecerían a menos que las medidas de preparación y los planes de evacuación funcionaran de forma efectiva.

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