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Thomas Fuchs

Los robots ya pueden entender y reaccionar ante la voz gracias a programas de reconocimiento de voz, como el Siri de iPhone. Sin embargo las máquinas «inteligentes» tienen dificultades a la hora de interpretar otros sonidos. «En cier-
to sentido el problema es más sencillo, pero se ha trabajado poco con los ruidos ambientales», afirma Joseph Romano, experto en robótica de Rethink Robotics, en Boston. «Esos ruidos no forman parte de la información con la que se ha programado a los robots.»

Ahora, Romano quiere que las máquinas hagan algo más que escuchar nuestras conversaciones. Junto con sus colaboradores de la Universidad de Pensilvania ha creado una herramienta informática denominada ROAR (sistema operativo robótico de reconocimiento de audio de código abierto) que permite que los aparatos respondan a una gama de sonidos mucho más amplia. Como se describe en un número reciente de la revista Autonomous Robots, el requisito fundamental de la herramienta es un simple micrófono.

Para comenzar el entrenamiento, el micrófono del robot capta primero el sonido ambiente, permitiendo a ROAR eliminar el ruido estático. Después, el operador enseña a ROAR a reconocer los sonidos clave realizando repetidamente una acción concreta, como cerrar una puerta o activar la alarma de un teléfono móvil, y etiquetando las características sonoras únicas de la misma mientras el aparato escucha. Finalmente, el programa crea un modelo general del sonido de cada acción a partir de esa serie de grabaciones de
entrenamiento.

El grupo ensayó la herramienta ROAR en un brazo robótico, lo que mejoró su capacidad para llevar a cabo ciertas tareas. En una de las pruebas, el robot intentaba agarrar y activar de forma autónoma una taladradora eléctrica. Sin información sonora, el brazo solo lo consiguió en nueve de cada veinte intentos, pero su tasa de éxito se duplicó al utilizar ROAR. Si después de un intento la máquina no oía el zumbido del motor eléctrico, reajustaba su agarre y lo intentaba de nuevo.

El paso siguiente consiste en asegurar que el sistema funcione en entornos ruidosos. La integración de la información sonora en el ciclo de información de un robot junto con estímulos visuales y táctiles podría permitir que un día haya enfermeras mecánicas que respondan rápidamente a las peticiones de ayuda o que los robots de las fábricas reaccionen cuando algo se rompe. Aunque la tecnología aún se encuentra en pañales, Romano piensa que tiene un enorme potencial.

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