Cápsulas robot

En un futuro próximo, diminutos dispositivos operarán, administrarán fármacos o diagnosticarán enfermedades.
Frank Hülsbömer
Cuando en 1966 se estrenó Viaje alucinante, la película representaba ciencia-ficción en estado puro: un equipo de médicos miniaturizado viajaba por el torrente circulatorio de un importante científico para reparar en su cerebro ciertas lesiones que le salvarían la vida. Pero cuando en 1987 Hollywood optó por un segundo intento con la comedia El chip prodigioso, ingenieros de carne y hueso estaban emprendiendo la construcción de prototipos de robot del tamaño de una cápsula farmacéutica, adecuados para recorrer el tubo digestivo humano y prestar servicios médicos. En el año 2000, los pacientes engulleron las primeras cámaras encapsuladas de producción comercial, que han venido utilizándose desde entonces para captar imágenes de recónditos pliegues del intestino delgado, muy difíciles de obtener sin cirugía.
Una fantasía todavía viva de Viaje alucinante es que algún día tales microcámaras maniobren por medios propios y se desplacen hacia un tumor para efectuar una biopsia, reducir inflamaciones del intestino delgado e incluso administrar tratamientos para las úlceras. En años recientes, se han logrado grandes avances en la conversión de los elementos básicos de una microcámara pasiva en un minibot activo (un robot diminuto). Existen prototipos avanzados, ensayados en animales, que disponen de patas, sistemas de impulsión, objetivos fotográficos muy avanzados y sistemas de teleguiado inalámbrico. Puede que dentro de poco esos robots diminutos ya se estudien en ensayos clínicos en humanos. Ahora mismo, los minibots están poniendo a prueba los límites de la miniaturización en robótica.

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