Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Enero de 2011
Historia de la química

El primer viaje alucinógeno

En 1943, el químico suizo Albert Hofmann inhaló o ingirió inadvertidamente un compuesto derivado del hongo de un cultivo. Se trataba de una droga psicotrópica.
Sinclair Stammers Photo Researchers, Inc.
Las ciencias de la salud cuentan con una larga tradición de experimentación propia: la vacuna del tifus, el cateterismo cardíaco o incluso los implantes de electrodos en el sistema nervioso nacieron gracias que sus inventores se prestaron como conejillos de indias.
Uno de los ejemplos más memorables tuvo lugar el 16 de abril de 1943. Ese día, el químico suizo Albert Hofmann inhaló o ingirió inadvertidamente un compuesto derivado del hongo de un cultivo. Según referiría después en su autobiografía de 1979: «Me hundí en un estado de intoxicación, no desagradable, caracterizado por una estimulación extraordinaria de la imaginación. En un estado parecido al sueño, con los ojos cerrados, [...] percibí una serie ininterrumpida de imágenes fantásticas, formas extraordinarias con intensos despliegues caleidoscópicos de colores». La sustancia en cuestión era dietilamida de ácido lisérgico, o LSD-25. Hofmann la había sintetizado cinco años antes en el curso de su trabajo para los laboratorios Sandoz (hoy Novartis), en Basilea. Entonces pensaban que podría funcionar como posible estimulante de la respiración y la circulación, pero luego fue abandonada.
Esta vez, en cambio, Hofman decidió explorar a fondo las propiedades psicotrópicas de la droga. Tres días después de su primera experiencia se administró una dosis de 0,25 miligramos. Al poco, el laboratorio se distorsionó de nuevo y se volvió extraño. Las últimas palabras que ese día pudo garabatear en su cuaderno fueron «deseo de reír». El estado de embriaguez le obligó a abandonar temprano su puesto de trabajo; el trayecto en bicicleta hasta su casa, durante el que tuvo la sensación de permanecer inmóvil, acabaría por convertirse en leyenda: el 19 de abril es conocido como «día de la bicicleta» entre aficionados al LSD de todo el mundo.
Hofmann volvió a probar LSD cientos de veces más. Su creación, el pasaje para alcanzar los estados mentales alterados abrazados por la contracultura, terminaría siendo prohibida. No obstante, la droga aún despierta interés entre los químicos, quienes continúan examinando sus usos terapéuticos. Uno de ellos: la posibilidad de ayudar a los enfermos terminales a reconciliarse con la muerte.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.