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  • Investigación y Ciencia
  • Enero 2011Nº 412
Taller y laboratorio

Química

Escintilaciones radiactivas

Mediante un espintariscopio casero podemos observar cómodamente la fosforescencia de materiales radiactivos.

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Todo traslado de un laboratorio implica costes y beneficios. Entre los costes se incluyen el transporte y el embalaje. Entre los beneficios, el descubrimiento de valiosos materiales que habían quedado en el olvido, arrinconados quizás en puntos de difícil acceso.

Ese es precisamente el caso que nos ocupa. Durante el traslado de parte de mi laboratorio, encontré algo con lo que ya no contaba: tres pantallas fosforescentes, antiguas, que se utilizaban en radioscopía para la obtención, mediante rayos X, de imágenes médicas. Recordé entonces que las había utilizado en su día para la construcción del aparato al que vamos a dedicar esta sección.

Me contaba Adolf Cortel, catedrático de educación secundaria y habilidoso experimentador en física y química, que al parecer todo empezó cuando en 1903 William Crookes derramó de forma accidental sobre una placa fosforescente un poco de bromuro de radio. El producto era tan caro que intentó recoger todas y cada una de las partículas, ayudándose incluso con una lupa. Fue precisamente durante esa operación cuando observó que, a oscuras, la pantalla mostraba incontables escintilaciones.

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