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1 de Agosto de 1987
Fisiología

Anatomía de la memoria

El análisis de la amnesia ha revelado cómo podrían interactuar las estructuras cerebrales profundas y las vías de la percepción, asentadas en capas exteriores, para transformar los estímulos sensoriales en recuerdos.

Pese a lo reducido de su volumen, el cerebro humano aloja un sistema de memoria tan potente que captura la imagen de un rostro al primer encuentro, tan amplio que almacena las experiencias de una vida entera y tan versátil que el recuerdo de una escena trae a colación asociaciones de imágenes visuales, sonidos, olores, sabores, sensaciones táctiles y emociones. ¿Cómo funciona ese sistema mnémico? La mera definición de la memoria constituye de por sí una ardua y debatida tarea; sugiere la introspección que no es lo mismo conocer un rostro o un poema que conocer una técnica, por ejemplo, la mecanografía. Además, el substrato físico de la memoria, los aproximadamente cien mil millones de neuronas cerebrales y sus enmarañadas interconexiones, resulta superlativamente intrincado. Empero, empeñados en un esfuerzo de esquematización, mis colegas y yo (Mishkin) estamos empezando ya a delinear cómo recuerda el cerebro.

La representación a que hemos llegado es, en gran parte, de carácter anatómico. Durante los últimos 20 años hemos identificado estructuras y «estaciones» (amplios conjuntos) neuronales implicados en la memoria; hemos reseguido sus conexiones y hemos intentado determinar cómo interactúan cuando los recuerdos se almacenan, se recobran o se vinculan a otra experiencia. Otros investigadores analizan la memoria empleando una escala más fina: en algunos de los animales menos complejos y en tejido nervioso aislado de especies superiores detectan cambios de las propiedades eléctricas y químicas de ciertas neuronas, instados por ejercicios sencillos de aprendizaje. La complejidad de nuestro objeto, la memoria humana o el cerebro de los monos del Viejo Mundo, como aproximación óptima, requiere un planteamiento inicial diferente, que insista en la arquitectura general. Por supuesto, en última instancia la memoria es una serie de episodios moleculares. Nuestro empeño consiste en cartografiar el territorio donde tienen lugar esos episodios.

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