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La mielina

Corresponde a la mielina facilitar el proceso de conducción de impulsos. Cualquier alteración que sufra su estructura o su estabilidad perturbará el funcionamiento del sistema nervioso.

Las células nerviosas, o neuronas, se caracterizan por poseer, entre otros rasgos distintivos, unas prolongaciones llamadas axones. Rodean a éstos unas capas densamente empaquetadas que forman un tejido especial: la mielina. Tan importante es esta estructura que todas las fibras nerviosas se dividen en amielínicas, si carecen de ella, o mielínicas, si la poseen.

Una de las primeras noticias de la misma la encontramos en un artículo publicado en 1854 por el patólogo alemán Rudolf Virchow, quien la bautizó así recurriendo al término griego myelos, que significa médula. Reflejaba con ello la abundancia de mielina que había observado en la parte interna o medular del cerebro. En 1878, Louis Antoine Ranvier, histólogo francés, sugería en sus Lecciones sobre histología del sistema nervioso que la mielina era un aislante eléctrico, análogo a la envoltura protectora de los cables telegráficos transoceánicos. En sus anotaciones, Ranvier dejó escrito que los nervios mielinizados presentaban unas formaciones equidistantes de igual longitud: las estrangulaciones anulares. Supuso que esas formaciones, conocidas hoy por nodos de Ranvier, desempeñaban una función puramente mecánica para prevenir que la mielina se deslizara por efecto de la gravedad. Experimentos de I. Tasaki y T. Takeuchi, en 1941, y de A. F. Huxley y R. Stampfli, en 1949, demostraron que los nodos de Ranvier eran, en realidad, los segmentos activos de la función nerviosa.

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