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1 de Abril de 1987
Zoología

Ballenas y morsas, labradoras del fondo marino

Cuando las ballenas grises y las morsas del Pacífico acopian alimento del fondo del mar de Bering nororiental, labran surcos que rivalizan con las perturbaciones producidas por los procesos biológicos.

A finales de la década de 1970, durante un reconocimiento del fondo nororiental del mar de Bering en busca de factores geológicos que pudieran suponer un peligro para futuros oleoductos y plataformas petrolíferas costeras, uno de los autores (Nelson) se topó con un sorprendente hallazgo. Además de los peligros esperados (fallas activas, estrías de hielo y erosión por corrientes), obtuvo pruebas de que el suelo marino estaba arañado por surcos y hoyos que no podían atribuirse a ningún proceso geológico conocido. Sabedor de que muchos mamíferos marinos viven o visitan periódicamente las aguas someras (que rara vez superan los 50 metros de profundidad) situadas entre Siberia y Alaska, Nelson se planteó la posibilidad de que esas estructuras fueran obra de alguno de esos animales. No se equivocó. Hemos descubierto que las ballenas grises de California cavan los hoyos y las morsas del Pacífico aran los surcos. Durante ese proceso, los animales incorporan bastante más sedimento a las aguas del mar de Bering nororiental que el río Yukon, que cada año descarga en la región más de 60 millones de toneladas métricas de materiales de arrastre.

Ballenas y morsas modifican el fondo en sus incursiones en busca de alimento por la plataforma continental. En la caza de su bocado favorito, un anfípodo ampelíscido, crustáceo bentónico (véase la figura 6), las ballenas excavan extensas parcelas de sedimento de la plataforma de Bering. Las morsas del Pacífico remueven el sedimento a la captura de almejas y otras 60 especies de presa bentónicas. Pese al aspecto de campo de batalla que ofrece el suelo marino, la actividad alimentaria de las ballenas y las morsas parece resultar benéfica para la zona, pues incrementa su productividad.

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