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1 de Septiembre de 2008
Proteómica

Función biológica de las chaperonas

Desde hace tiempo se sabe que las proteínas de choque térmico nos protegen del estrés. Ahora se les atribuye otras funciones en el cáncer y en la inmunidad.

En 1962, en el Instituto de Genética de Pavía alguien subió la temperatura de un incubador que contenía moscas de la fruta. Al examinar las células de las moscas sometidas al "choque térmico", descubrieron que los cromosomas se habían ensanchado en ciertas regiones. El aspecto expandido constituía un claro indicio de que se estaban activando ciertos genes para que diesen lugar a las proteínas que codificaban. Esas regiones activas acabaron denominándose loci (lugares) de choque térmico.

En un principio se creyó que se daba sólo en la mosca de la fruta. Se necesitaron otros 15 años para que las proteínas originadas tras la aparición de esas expansiones cromosómicas se detectaran en mamíferos y en otros organismos. Desde entonces, en lo que ha venido a ser una de las historias más fascinantes de la biología contemporánea, se ha terminado por reconocer que las proteínas de choque térmico (HSP, de "heat shock protein") desempeñan una función crucial en todas las formas de vida, a escala celular, somática y poblacional.

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