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1 de Mayo de 2017
Biodiversidad

La invasión de las planarias

Ocultas en plantas importadas, algunas especies de este grupo de gusanos de cuerpo aplanado están conquistando los cinco continentes.

La mayor planaria terrestre de Sudamérica, Obama eudoximariae, de la selva de Río de Janeiro, puede alcanzar los 20 centímetros de longitud, aunque la mayoría de las planarias terrestres apenas supera escasos centímetros. [FERNANDO CARBAYO]

En síntesis

Las planarias terrestres, un grupo de gusanos aplanados formado por más de 900 especies, habitan típicamente en selvas tropicales o bosques húmedos. Sin embargo, los humanos hemos favorecido su propagación en diversos lugares del planeta.

Debido a su gran adaptabilidad y voracidad, varias especies están invadiendo numerosas zonas y están provocando el declive de organismos autóctonos, como lombrices y caracoles, con la consiguiente degradación de los ecosistemas.

En los últimos años, el registro de nuevas planarias invasoras no ha cesado de crecer en Europa, una tendencia que no muestra signos de frenarse. Resulta esencial emprender medidas de control, aunque la mayoría de los países todavía no contempla estas especies en su legislación relativa a las invasiones biológicas.

«Seguramente un millón de estadounidenses, o tal vez más, han oído por primera vez la palabra planaria gracias a mí», me aseguraba en 2015 mi colega Jean-Lou Justine, experto en planarias del Museo Nacional de Historia Natural de París, en un correo electrónico. Un año antes, Justine anunció el descubrimiento en Francia de una planaria terrestre originaria de Nueva Guinea, Platydemus manokwari, que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza califica como una de las cien especies invasoras más dañinas. Era la primera vez que se tenía noticia de su presencia en suelo europeo. Notoria por su fácil propagación y por su apetito voraz, amenaza a las lombrices y los caracoles autóctonos y altera el ecosistema local. Apenas un año más tarde, Justine anunció que había hallado ejemplares de P. manokwari en Estados Unidos. Antes de su desembarco en ambos continentes, la llamada planaria de Nueva Guinea ya era fuente de problemas en un puñado de islas del Indo-Pacífico, pero no había alcanzado ninguna masa de tierra extensa, por lo menos que se sepa. Ahora parece surgir por doquier, y no es la única.

Las planarias terrestres, un grupo integrado por unas 900 especies, habitan en la jungla tropical y en los bosques templados, donde encuentran el suelo húmedo propicio. Estos invertebrados han iniciado una invasión que afecta a numerosos puntos del planeta al viajar como polizones en el sustrato de las plantas ornamentales importadas. Pueden no parecer preocupantes ni peligrosas, pero ocupan la cúspide de la cadena alimentaria y depredan con voracidad la fauna edáfica, por lo que su presencia altera el ciclo de nutrientes, pone en peligro especies autóctonas y modifica la comunidad vegetal. Antes de que en Francia se descubriera la presencia de P. manokwari, en Europa ya había motivos de alarma: otra planaria invasora, Arthurdendyus triangulatus, había causado estragos entre las lombrices de tierra de las islas británicas.

Los ancestros de las planarias colonizaron la tierra firme procedentes del mar o del agua dulce hace cientos de millones de años. La distribución cosmopolita de estos gusanos da buena prueba de su notable capacidad de adaptación a nuevos nichos ecológicos terrestres. Se les conocen muy pocos depredadores y se regeneran si se las corta en dos. Asimismo, se reproducen asexualmente mediante fragmentación: la mitad posterior del cuerpo se separa de la anterior y vaga sin cabeza hasta que le brota una nueva en unos quince días, en tanto que a la mitad delantera le crece una nueva cola.

Hasta hace poco, nadie había prestado atención a este mal conocido grupo de invertebrados, si bien un pequeño colectivo de naturalistas, entre ellos quien escribe, había iniciado su estudio. Los últimos descubrimientos de Justine dieron pie a un aluvión de notificaciones de introducciones de planarias terrestres y han puesto de manifiesto la facilidad con la que estos invertebrados se diseminan y aclimatan a los entornos nuevos. Y, aunque últimamente la invasión parece haberse acelerado y agravado, seguimos sabiendo poco sobre ellos. Ha llegado la hora de que los biólogos desentrañemos la diversidad, la ecología y la historia natural de las planarias terrestres, si queremos entender y limitar las consecuencias ambientales de su propagación.

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