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1 de Mayo de 2017
Antropología

Orígenes del patriarcado

Los esqueletos antiguos pueden aportar pistas sobre la aparición de la dominación masculina en la sociedad.

THOMAS FUCHS

«Las mujeres y los serviles son de trato difícil. Si te muestras demasiado familiar, se vuelven desobedientes. Si te mantienes distante, se vuelven rencorosos.» Esta aseveración atribuida a Confucio figura en sus Analectas, una compilación de pensamientos y preceptos que se remonta al siglo V a.C. Confucio no inventó los prejuicios sexistas, por supuesto, ni concibió su expresión generalizada en el patriarcado. Pero la respuesta a la pregunta de en qué momento y por qué el poder social se concentró por primera vez en la figura masculina podría residir en los huesos de sus ancestros.

La pista emerge del tejido conjuntivo, en concreto del colágeno, examinado en el curso de un estudio de los restos óseos de 175 personas del Neolítico y de la Edad del Bronce que vivieron en China. El análisis de isótopos de carbono en la citada proteína señala el tipo de cereales que ingerían, mientras que el de isótopos de nitrógeno revela la proporción de carne en su dieta, según la investigación publicada en enero en Proceedings of the National Academy of Sciences USA.

Los datos indican que la alimentación de ambos sexos era similar durante el Neolítico, iniciado hace unos 10.000 años con el nacimiento de la agricultura. Ambos comían carne y cereales. «En los albores de la agricultura, la contribución de las mujeres a la producción de alimentos fue importantísima. Varones y mujeres comían lo mismo y gozaban de un estatus similar», aclara Kate Pechenkina, arqueóloga del Colegio Queens, en la Universidad de la Ciudad de Nueva York, y autora principal del artículo.

El cambio de dieta dio comienzo a finales del Neolítico y se mantuvo durante la Edad del Bronce, cuyo inicio en China suele fecharse en torno a 1700 a.C. La gente comenzó a cultivar cada vez más trigo, con una proporción de isótopos de carbono diferente de la del mijo que ya cosechaban. El análisis óseo revela que entre 771 y 221 a.C. los varones siguieron comiendo mijo y carne, pero en cambio esta desapareció de la alimentación de las mujeres y fue sustituida por el trigo. Los huesos femeninos comenzaron a mostrar criba orbitaria, un tipo de osteoporosis que delata desnutrición en la infancia. «Eso indica que las niñas eran tratadas mal desde su tierna infancia», afirma Pechenkina.

Algunos antropólogos sostienen una teoría que explica el desplazamiento del poder con la difusión del trigo, junto con la de otros productos y bienes básicos, como el ganado o el bronce. Estos nuevos recursos supusieron una oportunidad para acumular riquezas y tal vez brindaron la ocasión para que el varón asumiera el control de los nuevos alimentos y bienes, poder que luego emplearía para subyugar a la mujer.

La violencia también pudo desempeñar su papel. «El final de la Edad del Bronce en China comprende el período de los Reinos Combatientes», afirma Stanley H. Ambrose, antropólogo de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, ajeno al estudio. En las civilizaciones forjadas a sangre y fuego, la presencia de una clase guerrera comporta la valoración exagerada del colectivo masculino, explica Ambrose.

En la China antigua ello pudo facilitar la imposición del patriarcado. «Crear un imperio, ya sea un estado de los Andes o de China, es una empresa costosa, pues se suele precisar de un ejército», afirma Jane Buikstra, arqueóloga de la Universidad estatal de Arizona, que no participó en el estudio. Ella cree que la ambición de las antiguas dinastías chinas, conjurada con el afán de los hombres por hacerse con el control de los nuevos recursos de la Edad del Bronce, pudo dar pie a la cultura de subordinación femenina.

No conviene interpretar esta teoría de forma determinista. Las culturas pueden tomar diferentes caminos hacia la inequidad social. Y pueden desmantelarse algunos elementos del sistema. Por ejemplo, avanzar en la igualdad salarial podría reducir en gran medida las diferencias de género que predominan en el mundo occidental, asegura Mace.

Con todo, las pruebas de esa discriminación en la China antigua van más allá de los hallazgos óseos. Los tesoros funerarios hallados en tumbas femeninas de la Edad del Bronce son menos que los hallados en sepulturas masculinas, señal de que también fueron tratadas peor en la hora de la muerte. «La distinción de género, pues, sería para toda la vida», afirma Buikstra.

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