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Pobreza y cerebro infantil

Los niños que crecen en un ambiente socioeconómico desfavorecido presentan variaciones notables en el desarrollo cerebral. ¿Podría una ayuda económica prevenir el daño?

GETTY IMAGES (niños); PETER HORVATH (composición)

En síntesis

Los niños que crecen en la pobreza tienden a obtener peores resultados en un gran número de pruebas. Estadísticamente, son más propensos a no acabar la secundaria, a no ingresar en la universidad y a acabar obteniendo empleos precarios.

Varias investigaciones han observado una correlación entre el estatus socioeconómico de una familia y el desarrollo del cerebro de los niños, con variaciones en el tamaño, la forma y el funcionamiento de distintas partes del órgano.

El potencial de la pobreza para comprometer el desarrollo cerebral infantil ha llevado a los científicos a preguntarse si una ayuda económica a las familias podría mitigar el efecto. Un estudio futuro analizará la cuestión.

Crecer pobre hace algo más que dejar a mil millones de niños y adolescentes de todo el mundo sin bienes materiales básicos. Implica un riesgo mucho mayor de que su cerebro no se desarrolle al ritmo que, en circunstancias normales, lo convertiría en un milagro de kilo y medio capaz de realizar todo tipo de proezas intelectuales, ya sea componer sinfonías o resolver ecuaciones diferenciales.

En comparación con sus congéneres más pudientes, los niños pobres tienden a obtener peores resultados en las pruebas de cociente intelectual, lectura y otras. Es también menos probable que terminen la enseñanza secundaria, accedan a la universidad y obtengan un título. Y, a su vez, se muestran más propensos a seguir siendo pobres y conseguir trabajos precarios en la adultez. Ninguna de estas correlaciones es nueva, y el desarrollo cerebral no es más que uno de los múltiples factores que intervienen en ellas. Sin embargo, hasta la pasada década no teníamos más que una idea extremadamente vaga sobre el verdadero impacto de la pobreza en el desarrollo del cerebro.

Mi laboratorio y otros han comenzado a explorar la relación entre el estatus socioeconómico de una familia (una medida que combina ingresos, nivel educativo y prestigio profesional) y la salud cerebral de los niños. Hemos encontrado que las dificultades socioeconómicas se encuentran asociadas a tremendas diferencias en el tamaño, la forma y el funcionamiento del cerebro infantil.

Averiguar hasta qué punto la pobreza podría comprometer el desarrollo normal del cerebro nos ha llevado a proponer un remedio sencillo para aliviar el problema. Estamos diseñando un estudio con el fin de evaluar qué efecto ejercería en la salud de los niños que sus familias recibieran una ayuda económica. Se trata de la primera investigación que pretende averiguar si un aumento modesto de los ingresos podría contribuir a mejorar el desarrollo cerebral infantil. Si tenemos éxito, el resultado podría marcar un camino que ligase de forma directa la neurociencia básica con la formulación de políticas públicas.

En busca de respuestas
Mi investigación comenzó hace 15 años, cuando era estudiante de posgrado en la Universidad de Pensilvania. Por entonces, mi directora de tesis, Martha Farah, deseaba profundizar en la relación entre pobreza y desarrollo temprano del cerebro. Por suerte para mí, me propuso que me convirtiera en la primera de sus estudiantes que abordaría el problema.

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