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1 de Mayo de 2017
Catástrofes

Pronosticar el comportamiento del suelo

Una nueva generación de modelos de predicción de deslizamientos permitirá emitir alertas creíbles y salvar vidas.

Estragos de la tragedia ocurrida en El Cambray II: imagen tomada el 2 de octubre de 2015 en las afueras de la ciudad de Guatemala. [JOHAN ORDONEZ, GETTY IMAGES]

A finales de septiembre de 2015, las lluvias empaparon durante días el terreno que rodeaba la aldea de El Cambray II, en Guatemala. En la primera noche de octubre, unas laderas pronunciadas, sostenidas desde hacía tiempo por gruesas raíces de árboles tropicales, cedieron de repente y enterraron cientos de hogares bajo un torrente de barro de hasta 15 metros de altura. Al menos 280 personas murieron.

Las autoridades llevaban años advirtiendo de que el área se encontraba en una zona de riesgo. Sin embargo, la combinación de pobreza y desconfianza hace que la población más desfavorecida de América Central y otras regiones construya y viva en terrenos peligrosos. Aun así, los residentes de El Cambray II podrían haber accedido a una evacuación temporal si hubieran recibido un aviso creíble y preciso. Y si tales alertas estuviesen disponibles en todo el mundo, el número de muertes anuales atribuidas a deslizamientos podría reducirse en 3000.

Por fortuna, los expertos ya están trabajando en ello. De hecho, la catástrofe de El Cambray II proporcionó los primeros datos con los que validar un innovador programa informático que evalúa el riesgo de deslizamientos casi en tiempo real. El sistema se basa en los datos por satélite de infrarrojos y microondas que posee la Administración Nacional de la Atmósfera y el Océano (NOAA) estadounidense. Estos permiten realizar un pronóstico global de lluvias con una resolución de cuatro kilómetros y con hasta seis horas de antelación. Para facilitar la previsión de inundaciones repentinas, los científicos del Centro de Investigaciones Hidrológicas de San Diego, donde se desarrolló el programa, incorporan después los datos locales de pluviómetros y radares meteorológicos allí donde se encuentran disponibles. Por último, un nuevo componente para predecir deslizamientos se integra en las estimaciones globales de humedad del suelo.

En Guatemala, los colaboradores locales combinan todos los datos en un mapa digital que incluye más de 8000 localizaciones históricas propensas a deslizamientos, gracias a lo cual pueden generar informes de riesgo con una frecuencia de seis horas. Las alertas se aplican a tormentas específicas en áreas que solo miden entre dos y cuatro kilómetros de ancho. Este tipo de avisos resultan más difíciles de pasar por alto que las alertas generales, las cuales pueden extenderse durante varios días, abarcar valles enteros y no siempre tienen en cuenta las condiciones locales del suelo.

La humedad del terreno constituye un factor clave que puede transformar una inundación repentina en un deslizamiento. Según Jacqueline Rivera, ingeniera civil del Ministerio de Medioambiente y Recursos Naturales de El Salvador y una de las encargadas de verificar el sistema de predicción de deslizamientos, una tormenta intensa que afecta a un suelo ya húmedo conlleva un riesgo mayor que la misma tormenta caída sobre un suelo más seco.

En ello radicó la importancia de El Cambray II, ya que fue el primer evento de este tipo acontecido después de que el componente de deslizamientos se hubiese incorporado al pronóstico de inundaciones repentinas. Una vez pasada la tormenta, los investigadores comprobaron que el sistema mejorado identificaba El Cambray II como zona de alto riesgo de aludes durante la tormenta de 2015. El suceso también permitió estudiar con detalle las condiciones del suelo tras la catástrofe y compararlas con la predicción basada en datos de satélite.

Tales «pronósticos inmediatos» de deslizamientos también se están desarrollando en otras partes del mundo. La geomorfóloga Dalia B. Kirschbaum, del Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la NASA, y sus colaboradores presentaron en línea un sistema global que integra los datos meteorológicos de satélite con un modelo similar de predicción de aludes. La NASA tiene previsto usarlo para ayudar a las organizaciones humanitarias, como el Programa Mundial de Alimentos y el Comité Internacional de la Cruz Roja, a la hora de planificar respuestas ante un desastre.

Mientras tanto, los siete países centroamericanos calibran hasta qué punto los modelos del Centro de Investigaciones Hidrológicas encajan con los datos históricos y a tiempo real de deslizamientos. Más adelante el centro empleará fondos de la Agencia para el Desarrollo Internacional estadounidense para formar a personal de defensa civil en otros 57 países. Por el momento, los modelos y las predicciones solo se comparten con equipos de gestión de desastres, pero Rivera afirma que El Salvador pretende validar el sistema durante la estación de lluvias de este verano y comenzar a usarlo de forma habitual en la emisión de alertas públicas.

Si los avisos más concretos basados en estos sistemas continúan demostrando su precisión, podrían comenzar a ganarse la confianza de los residentes y, más importante aún, salvar sus vidas.

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