EL ORIGEN DE LA GRAMÁTICA

El artículo de Paul Ibbotson y Michael Tomasello «Hacia un nueva visión del lenguaje» [Investigación y Ciencia, enero de 2017] pretende demostrar que la teoría chomskiana, la cual postula la existencia de una gramática universal, «se está desmoronando». Los autores afirman que los lingüistas la están «abandonando en manada» y que las razones de ese abandono se deben a que la gramática universal «se muere» por no ser capaz de afrontar nuevos descubrimientos. Estos son, por una parte, el de lenguas con características que, según los autores, no se ajustan a los patrones de la gramática universal; y, por otro, el hallazgo de que la adquisición de la lengua no puede explicarse a partir de una facultad específicamente gramatical, sino mediante una serie de facultades más generales que permitirían que el niño adquiriese la gramática a partir del uso de la lengua a la que está expuesto en su entorno.

Quizá por su patente objetivo de llevar a los lectores a creer que la gramática universal ya está superada y que hay que abandonarla para siempre, el artículo presenta una mera caricatura de la teoría que miles de lingüistas están elaborando en la actualidad.

El texto abunda en ejemplos que demuestran la falta de interés de los autores para con el objeto de su crítica. Entre otras cuestiones que no hacen justicia a la teoría que los autores pretenden censurar, sorprende que no se mencione el último modelo chomskiano, el programa minimista, o la simplificación extrema de la regla de las «preguntas-qu», la cual no incluye la categoría funcional de complementizador, un elemento fundamental en su composición.

El descubrimiento de lenguas que no se ciñen a los patrones de la gramática universal ha sido siempre el motor que ha hecho evolucionar la teoría hacia un modelo basado en operaciones fundamentales y rasgos que las activan. A partir de este, las características básicas de la adquisición de la lengua, las cuales ni siquiera se comentan en el artículo, se explican de manera diáfana. Por ejemplo, el hecho de que, con independencia de cuál sea el idioma hablado en su entorno, los niños adquieren la lengua de manera rápida, uniforme, en circunstancias variables y sin dificultad; o la existencia de aspectos del conocimiento lingüístico que no proceden directamente del entorno (el problema de la pobreza de estímulo). Estas características difícilmente pueden explicarse a partir de un modelo que todo lo confía al uso.

Precisamente, en el mismo número de Investigación y Ciencia se publica el artículo de Anna Gavarró «Pautas universales en la adquisición del lenguaje», en el que la autora resume los resultados de una investigación europea que ha demostrado que la adquisición de los cuantificadores por parte de niños de más de 30idiomas de 11 familias lingüísticas muy diferentes sigue patrones similares, con independencia de las características específicas que presenten los cuantificadores en cada lengua particular. Este descubrimiento resulta compatible con los postulados innatistas chomskianos, pero se hace difícil de reconciliar con una teoría de la adquisición del lenguaje basada exclusivamente en el uso.

Mireia Llinàs-Grau
Departamento de filología inglesa y germanística
y colaboradora del Centro de Lingüística Teórica
Universidad Autónoma de Barcelona

 

Ibbotson y Tomasello critican la propuesta chomskiana de que nacemos equipados con una «plantilla gramatical» y postulan, como alternativa, una lingüística basada en el uso, en la que los niños adquieren las reglas y categorías gramaticales mediante una serie de herramientas cognitivas de uso general. Este enfoque implica correctamente que el habla constituye un comportamiento que se adquiere a través de la experiencia vital de la persona; pero, al igual que la teoría chomskiana, hace numerosas suposiciones no comprobables sobre procesos mentales que no observamos.

Una teoría sobria y científica es la propuesta por el psicólogo experimental
B. F. Skinner en su obra de 1957 Verbal behavior. Puede que hoy no estuviésemos hablando de Chomsky si este no hubiese escrito en 1959 una crítica negativa del libro de Skinner.

A diferencia de las «teorías» chomskianas y otras, la de Skinner se basa en décadas de trabajo experimental. Como prueba de su larga vida, sigue generando investigación y continúa usándose en todo el mundo para ayudar a niños con déficits lingüísticos.

Henry D. Schlinger, Jr.
Departamento de psicología
Universidad de California en Los Ángeles

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