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1 de Julio de 2013
Epidemiología

Evolución del sida en España

Si bien la expansión inicial del VIH se produjo por compartir material para la inyección de drogas ilegales, la mayoría de las infecciones actuales se deben a la transmisión sexual.

MINISTERIO DE SANIDAD, SERVICIOS SOCIALES E IGUALDAD

En síntesis

Cuando el sida empezó en España, se transmitía sobre todo a través del uso compartido de material de inyección de drogas. Hoy, en cambio, la transmisión se produce principalmente a través de relaciones sexuales no protegidas.

Al principio, las tasas de sida en nuestro país eran las más altas de Europa. Ahora son semejantes a las del resto de la Unión Europea.

La infección por VIH, que antes reducía sobremanera la esperanza de vida, se ha convertido en una enfermedad crónica sin tratamiento curativo.

La preocupación clínica ya no se centra en la aparición de enfermedades oportunistas, sino en el envejecimiento de las personas con VIH y los efectos secundarios de los tratamientos.

El síndrome de inmunodeficiencia adquirida, o sida, fue descrito por primera vez en 1981 en Estados Unidos. Corresponde a la fase más avanzada de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Los estudios científicos sugieren que el VIH se originó a partir de un virus similar que afecta a los chimpancés y evolucionó para adaptarse al hombre al inicio del siglo xx en África. Posteriormente, los viajes internacionales hicieron posible que este virus adaptado se difundiera al resto del mundo. Los científicos lo identificaron en 1983. Se conocen dos tipos de VIH, el VIH-1 y el VIH-2, que se transmiten de forma similar, aunque la capacidad de producir enfermedad del segundo parece ser menor.

Cuando una persona se infecta con el VIH, puede que en los primeros días tras la infección muestre síntomas parecidos a los de la gripe, que pronto desaparecen. A continuación se inicia un proceso cuya duración media es de diez años, en el que el sistema inmunitario del enfermo, en particular su inmunidad celular, se va degradando progresivamente, sin que aparezcan síntomas. Puesto que la infección es inaparente, la detección del virus depende de que el paciente o su médico sospechen su presencia y aquel se haga la prueba del VIH. Esta se basa en la detección de anticuerpos frente al virus. Sin embargo, dado que estos no se desarrollan inmediatamente, el test puede arrojar falsos negativos si no han transcurrido al menos tres meses desde el contagio («período ventana»). Cuando el resultado es negativo durante este período, debe repetirse la prueba pasados los tres meses.

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