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  • Investigación y Ciencia
  • Julio 2013Nº 442

Evolución

Híbridos humanos

Análisis genéticos recientes indican que los primeros Homo sapiens se cruzaron con otras especies del mismo género. Ese mestizaje podría haber desempeñado una función clave en el éxito de nuestra especie.

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Hoy resulta difícil de imaginar, pero durante gran parte de nuestra historia evolutiva, varias especies humanas compartieron la Tierra. Hace poco más de 40.000 años, Homo sapiens convivió con numerosos parientes, como Homo neanderthalensis o los diminutos Homo floresiensis. Los expertos han debatido durante décadas el origen de Homo sapiens y los posibles mecanismos por los que llegó a convertirse en la única especie del género Homo sobre la faz del planeta. Gracias en parte a numerosos estudios genéticos, durante los años ochenta del pasado siglo surgió una teoría que pronto se perfiló como la gran favorita. Según ella, los humanos anatómicamente modernos se originaron en África, se extendieron por el Viejo Mundo y acabaron reemplazando por completo a los demás grupos humanos. El proceso mediante el cual Homo sapiens se erigió como la única especie humana sobre la Tierra continúa envuelto en misterio. Puede que los invasores exterminasen a los nativos, que los superasen en la lucha por la supervivencia o que simplemente se reprodujesen con mayor rapidez. En cualquier caso, la hipótesis dominante postula que los recién llegados habrían eliminado a sus competidores sin cruzarse con ellos.

El modelo de reemplazo completo —o «desde África», como también ha dado en llamarse— ha servido durante veinticinco años como paradigma para explicar el origen del ser humano moderno. Sin embargo, cada vez más datos sugieren que dicho modelo es incorrecto. Los últimos avances en secuenciación del ADN han permitido acumular una gran cantidad de datos sobre las especies del género Homo actuales y extintas. El análisis de sus secuencias génicas mediante programas informáticos cada vez más complejos indica que nuestra historia no es tan simple como pensábamos. Hoy, algunas personas portan en su ADN secuencias procedentes de Homo neanderthalensis y otros humanos arcaicos. Ello prueba que los primeros Homo sapiens se cruzaron con otras especies del género Homo, produjeron descendencia fértil y que su legado genético se transmitió a través de miles de generaciones. Tales hallazgos no solo han cambiado las teorías sobre nuestro origen, sino que han propiciado nuevas investigaciones para esclarecer el grado de mestizaje, en qué áreas geográficas este tuvo lugar y, por último, si los humanos modernos nos hemos beneficiado de ese cruzamiento con nuestros parientes ancestrales.

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